martes, 9 de abril de 2013

Escrito por Karla Medrano en , | 3:53 p. m. Sin comentarios

Un personaje

¿El sombrero? ¿las patillas? ¿el color de la ropa? Sí, son detalles, quizá minúsculos, quizá de motivo de burla, pero que en ocasiones crean un estereotipo que nos es imposible dejar pasar en alto, tanto así que no imaginamos a Sherlock Holmes sin una pipa, a Marie Poppins sin un paraguas y al gato con botas… sin botas, a veces, cuando metemos un personaje de la vida real a la ficción, son esos pequeños detalles, los detalles que todos aterrizamos como verdaderos, los que quizá nos puedan ayudar más de lo que imaginamos para determinar mucho sobre la nueva creación.



Si nos vamos desde los tiempos más remotos, hasta los más actuales, pasando por las hazañas de Odiseo, dando un descanso en quizá en Alonso Quijano, y si no quieren ir tan lejos… allí está nuestro regional Pedro Páramo, son personajes entrañables, quizá porque en su cotidianidad y en su peculiaridad, nos hace caer en el juego, en el juego de la empatía  de ese mundo individual en el que vivimos, es allí cuando nos enamoramos, sufrimos, reímos con dicho personaje que para nuestra triste verdad, sólo pertenece (si a modo racional vamos…) en las páginas de nuestros libros. También están esos personajes, los que nos llevan a los extremos de lo que no conocemos, nos sacan de nuestro cuarto, quizá atravesamos la cocina, la sala, el comedor, y cuando menos lo esperamos, ya estamos en el fin del mundo con ellos, eso es lo que hace un personaje memorable, uno palpable y real.

¿Cuántas veces no nos hemos encontrado con uno en la calle? Una persona, que en base a sus características sólo podemos concluir, ¡Fue sacado de la novela más oscura de Stephen King!... entonces, allí es donde como escritora me detengo, donde las características como un sombrero o unos guantes cobran la lógica que me dan el perfil de un personaje entrañable, cuando el color de su vestimenta me insinúan sus motivos, claro que en la vida real quizá sólo sean detalles que pasan desapercibidos, pero en la ficción, considero que son una buena forma de advertir las intenciones del personaje.

Al fin y al cabo ¿cuántos personajes no nos han acompañado a nosotros también?


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