jueves, 11 de abril de 2013

Escrito por Karla Medrano en , | 9:55 a. m. Sin comentarios
La inoportuna musa



¿Sigues sin creer en ella? Quizá sí, en su forma técnica y literal, quizá estoy de acuerdo en que no es una mujer hermosa que por las noches baja desde su recinto divino para darnos ideas… pero bueno, somos escritores, así que si de imaginación se trata, nos pintamos solitos, ¿Por qué no imaginar que esa “cosa” que nos visita con ideas tiene cuerpo y forma? La existencia de la inspiración, musa, etcétera, etcétera, siempre ha sido tema de controversia. Ahora, pensémoslo así…

Supongamos que ese es Edgar un escritor como cualquier otro (si como no... uno maravilloso como pocos)




Camina por la ciudad de Baltimore, corre quizá el año de 1845, año en el que casualmente publica un poema de nombre “El cuervo”,  Edgar se sabe buen escritor (lo que nosotros sabemos es que era mucho más que eso), supongamos que ese día, abrumado quizá por los problemas, por la negrura de sus propios pensamientos, abrumado probablemente por la crítica, Poe no sabe sobre que escribir…  busca el refugio de las letras, pero no lo encuentra, se siente fatigado, quizá… sólo quizá, lo único que necesite sea dormir.



Ahora olvidémonos de Edgar por un momento, ¿no es, si no la inspiración, esa disponibilidad? ¿esas ganas de sólo hacer eso? Cuando escribir se vuelve esa prioridad, no implica en forma inmediata el hecho de que siempre querremos hacerlo. Se dice que la musa llega, cuando esas ganas por tomar pluma, servilleta, pedazo de hoja usada, computadora, libreta o lo primero que se encuentre, y quitarte la comezón que la inspiración te provocó, esa es una escritura espontánea, esas lúdicas y que siempre te dejan un alivio.

Pero también tenemos a veces, esa obligación, nosotras, como alumnas de una escuela de escritores, muchas veces nos vemos en la situación de escribir porque tenemos tarea, a veces, la musa bajaba para hacerme las tareas, y muchas otras tenía que sentarme y pelearme con las teclas de mi computadora un rato para sonsacarles un texto, de igual forma lo disfruto, ya sea por oficio o por explosión, la escritura siempre llena un hueco en mí.

Pienso que no se necesita el lago más silencioso, ni la noche más estrellada para tener esa inspiración, contándoles un secreto, les diré que la musa me visita muy seguido cuando mi a mi madre se le ocurre ponerme a hacer el quehacer, uno de los cuentos que más aprecio, nació justo cuando tendía la ropa y a veces, a la musa le gusta visitarme cuando me encuentro dormida, mi necesidad es descansar, pero en ese momento la prioridad se convierte en quitarme esa comezón, si no lo hago, al día siguiente amanezco con la sensación de haber perdido algo que jamás recuperaré,  quizá escribir sea eso, quizá el oficio de escribir, sea incorporar la escritura a tu modo de vida, dormir con una libreta y una pluma bajo el colchón y decir… venga lo que tenga que venir.
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