martes, 21 de mayo de 2013

Escrito por Karla Medrano en , | 4:16 p. m. Sin comentarios
Las máquinas de escribir

Desde hace días la imagen de un escritor sentado a su maquina de escribir, como muchos escritores del siglo XX lo fueron, se ha encajado en mi cabeza, es por eso quizá que quise escribir la entrada del día de hoy sobre ello.

Recuerdo que cuando tenía algo así como cuatro o cinco años, me gustaba mucho inventarme persecuciones e historias de fantasmas que me acosaban cuando iba a visitar a los abuelos, claro que esas cosas sólo las decía para que la abuela me preparara alguna merienda, o la tía me dejaran entrar a su cuarto a probarme sus zapatos para tranquilizarme, lo cierto es que un día, cuando el abuelo descubrió mis planes, me sentó en la sala y me dijo "Cuando crezcas vas a ser escritora"... "Pero por qué abuelo", pregunté pensando en un sin fin de cosas... "Porque como inventas cosas chamaca"... esas fueron las palabras del viejito.



En ese momento pensé, ¿escritor?, ¿esos señores que tienen su maquina de escribir? ¿y están encerrados todos el día? ¿en un cuarto oscuro y sucio? ¿con un bote de basura repleto de papeles de cosas que escribieron y no les gusta? Odio esas maquinotas, los dedos les ha de doler, si quizá tuviera una computadora como la de la tía... pero... ¿yo?, ¿escritora? ¡Ni loca!



Y si, pasaron algunos años y el tiempo se encargó de nunca hacerme olvidar ese recuerdo, la imagen de un escritor se quedó en mi cabeza como la de ermitaño con su máquina de escribir, ahora me río mucho de eso, y le hago burla al abuelo de cómo el predijo mi futuro, y me acuerdo de cómo cuando me regalaron una máquina, lo primero que hice fue intentar hacer un cuento.

La palabra escritor ahora significa muchas cosas, pero lo cierto es, que siempre que imagino a Cortázar o a Mark Twain, los veo ya no en un cuarto oscuro, pero si con su máquina de escribir, es como una imagen romántica y nostálgica, pero una que me llena de esa emoción, de esa forma de escribir, que me hace ver a las maquinotas en muchas veces como símbolo de literatura, como símbolo de creación.



Quizá mucha gente piense que estoy loca, pero siempre desarrollo cierto cariño o aprecio por los objetos que me ayudan a realizar mi labor como escritora, el objeto específico, como mi libreta, o mi pluma, y si, eso me hace idiática, aún así, también guardo mucho cariño por la máquina de escribir que está guardada en mi armario, y no sé si pueda volver a usar a falta de repuestos de cinta, pero allí fue donde desarrollé mis primeros cuentos, no esperaba restarle cariño a ello, así que me quedo loca y feliz con mi máquina. :)
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