miércoles, 9 de octubre de 2013


Película: “El gran debate”


«Aquel que conoce el poder de la palabra
presta mucha atención a su conversación.
 Vigila las reacciones causadas por sus palabras,
 pues sabe que ellas "no retornarán al mismo
 punto sin haber causado su efecto"».

 Florence Scovel.



Todos alguna vez nos hemos sentido desarmados, sin ninguna herramienta para seguir peleando, a veces nos miramos las manos y no vemos garrotes o lanzas para apoyarnos de ellas, ¿después de esto que sigue? ¿La rendición ante las injusticias? ¿Las batallas? ¿Qué pasa cuando la realidad es insostenible? ¿Cuándo no se tienen armas pero se tiene que hacer algo?

Supongamos que un día vamos en el coche y de pronto vemos un cuerpo linchado, y a su alrededor sus victimarios festejando, ¿cómo actuar?, unos dirían que la ley debería de hacer algo, que presentar el caso a la corte sería la solución. Es sin duda, un pensamiento razonable en los encaminados principios del siglo XXI, pero, si nos remontamos a la pasada infancia del  siglo XX, ¿la respuesta cambiaría? En el estado de Texas, deteniéndonos en los años 30’s, la respuesta sería un rotundo SI.

“El gran debate”, tiene explícito en cada minuto una atmósfera que sugiere el “basado en hechos reales”, que para los muy atentos queda claro cuando el nombre Melvin Tolson, recae en la figura de aquel reconocido poeta afroamericano que nos regaló obras como: Libreto de la República de Liberia o Harlem Galería. La película se basa en una parte de su vida en la cual se dedicó a la docencia en la universidad Wiley, y no sólo a eso, sino también a engrandecer las mentes del muy golpeado pueblo afroamericano, comenzando desde luego con la educación.



A lo largo de la película vemos a Tolson en su faceta de entrenador, aleccionando a un grupo de jóvenes pertenecientes a su equipo de debate, y que poco a poco, tras su habilidad para dominar en género comienzan a ganar fama, a lo largo del estado. La historia se desarrolla en ese Texas que envuelto en una discriminación racial, que limita a los afroamericanos, incapaces de verlos como uno mismo. Los jóvenes alumnos de Tolson, irán convirtiéndose no sólo en excelentes oradores, si no en excelentes cabezas capaces de luchas con la mejor arma: la palabra.

Ante las injusticias, a veces la impotencia es el sentimiento que prevalece, sobre todo cuando se es consciente de que existe alguien más fuerte que tú, este pensamiento se desayunaba, se comía y se cenaba en Marshall, Texas, pero para Marvin Tolson, sin duda, una de las mentes más brillantes que fue capaz de pronunciar frases, para quedarse grabadas en la historia de un país, las cosas no radicaban en el color de piel de la persona, sino en su capacidad cognoscitiva, pensamiento mismo que transmitía con naturalidad a sus estudiantes.



El climax de la historia, figura cuando el equipo de debate, de la pequeña  universidad Wiley para alumnos de color, es invitado a la universidad invicta, “La gran Harvard”, para discutir el tema del ejercicio de la desobediencia civil. ¿Qué pasaría con nuestros estudiantes? Ellos tenían que defender a favor, ¿cómo defender a favor de que las personas desobedecieran la ley? O mejor dicho ¿cómo no?, cuando ellos habían visto como quemaban a un afroamericano, cuando ellos se habían tenido que agachar para que no los descubrieran y los lincharan también, ¿cómo no desobedecer la ley entonces, cuando la ley misma los estaba desobedeciendo a ellos mismos como seres humanos? y sobre todo más importante ¿cómo no ganarle a la Universidad invicta, cuando se tenía esto tan claro? El film alcanza, aquí, su momento más logrado y significativo. Mediante un ejercicio de argumentos lógicos y racionales, al más puro estilo de los oradores clásicos, se defienden y contraponen argumentos sobre la cuestión de la controversia. Excelente ejemplo de retórica, de lucha y perseverancia frente a la adversidad. Una lección de humildad a toda prueba, digna de ser vista y admirada.



Esta película, también es el claro ejemplo de un hombre que aportó a la igualdad de su raza con un arma pacífica pero sin duda, más fuerte que cualquier otra: La palabra, la capacidad de la palabra. Hace aproximadamente unos 70 años, un sólo hombre llevó a toda una nación a cometer barbaries inexplicables sólo porque entendía muy bien la condición humana y tenía muy en claro que la única forma de convencer era su capacidad de argumentar, su capacidad como orador. ¿Por qué no usar esa misma argumentación al estilo de Tolson? ¿Al estilo positivo? Tolson es actualmente reconocido como un fiel luchador contra la discriminación racial y sobre todo uno de los más distinguido e importantes poetas de los Estados Unidos.

Su trabajo no sólo buscaba las opiniones de una segregación Americana hacia el hombre negro, sino también cuestionar la versión del hombre negro mismo. Quería abrir la experiencia del negro llamando a mostrar su complejidad inefable, por lo que su trabajo tiene una inclinación ética épica y profunda. Sus papeles se encuentran ahora en la Biblioteca del Congreso, como muestra neta, de que la palabra es la mejor arma que el hombre pose.  


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