jueves, 18 de julio de 2013

Un universo capilar

Cada cabeza, unida al cuerpo de la manera adecuada, es un mundo.

Y en esto de la escritura, o bueno, de la lectura he ido notando cierta característica. Al escuchar y leer  textos de mis compañeros letristas, me doy cuenta  que todos traemos una mitología pegada en el cráneo. En la mayoría de los casos, la personalidad del escritor no se parece a la del texto. Sin embargo, y aquí entra la mitología formada, se nota que ese "cuento" ese "poema" ese "lo que sea" tiene el estilo de Fulanito sp. 




El mundo dentro de los mundos

Dicen que la práctica hace al maestro, y en qué cosa se practica más que en el continuó fluir del yo consciente. Hacemos cosas, queremos cosas, trabajamos en cosas, pensamos cosas... y todas o la mayoría pasan por un filtro mitológico personal, un punto de vista que traduce cada cosa en Yo lo hago así, yo creo en esto, yo trabajo en aquello, yo pienso así... o siendo "modestos", hago, creo, trabajo, pienso. 

Y está bien, nuestra condición humana nos hace finitos en este aspecto. Los textos tienen nuestros sabores por la vida, nuestros pensamientos de la muerte, el como sentimos el amor, el abandono. Es lo que da pluralidad y movimiento a las letras. Creo que eso da sabor a la escritura. 

Nos hace diplomáticos de mundos, o puntos de vista, o filtros, a los que por cuestiones físicas, morales, sociales, cuánticas, no visitaríamos normalmente. Esto me llena de esperanza; saber que cuando se me acabe la fé, habrá otros que me regalen poquita de la suya, o cuando el odio se me salga por las orejas habrá alguien que sepa como liquidarlo. 

Sin embargo, a veces hay un entrometido que oscurece el panorama. 



Mas si osare un familiar enemigo 


Ego... así simplón, tres letras, que podrían significar "examen general de orina"; ¡pero no! Para nosotros escritores, inventores, creadores, magos de la letra, este Ego es lo que nos defiende cuando los demás nos calumnian de: mentirosos, traidores a la letra, de... vaya, cuando critican nuestros textos en general.

Este pequeño de tres vocablos, suele entorpecer una cuestión simple: lo que yo veo, como lo veo, mi filtro personal, puede no ser el mismo que el de los demás. No es una batalla, ni siquiera es diplomacia, para mi (o para mí ego...) el que un grupo de escritores disfruten de los textos ajenos a su ideología o "estilo" particular depende  de una sola cuestión. De compartir. 


¿Ustedes, se han sentido agredidos cuando han echo una crítica a una de sus creencias, creaciones?



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