martes, 24 de diciembre de 2013

Escrito por Nicte Yuen en , , , | 5:16 p. m. Sin comentarios
La Leyenda del Gran Eclipse


En la orilla del Mundo, allá donde el norte y el sur se cruzaban, habitaban dos jóvenes mujeres, sus cuerpos eran los últimos rincones donde la magia aún existía: pura, pacífica y luminosa.
La primera de ella era Agatha, quien tenía la dualidad atrapada en su cuerpo. Vestía de medianoche, con pálidas estrellas bordadas a su piel y platinados cabellos, que desordenados le caían sobre sus caderas. Sus ojos azul profundo eran una media luna; la más bella de las lunas, ahí, dispuestas a mostrarle la maleza sobre la cual caminaba siempre de puntas, como si apenas rozaran sus pies aquel verdor acariciado por las primeras horas del día. Parecía la joven un trozo de noche, vagabundo por las orillas desiertas de la mañana. Cuando caía la noche, y los grillos interpretaban serenatas lunares; Agatha se vestía de claridad. Su piel se tornaba dorada como las arenas bañadas por las olas, su cabello antes platinado adquiría un tono carmín, sus ojos se amielaban en una circunferencia perfecta. Echaba a andar, exhausta, por los senderos que van de norte a sur, hasta encontrar su casa en el cruce de dichos puntos cardinales. Y mientras dormía, su cuerpo rodeado de almohadones, irradiaba luminosidad entre las sombras propias de la madrugada.
           La segunda, una joven pelirroja, nacida durante la primera luna del año del Dragón, se llamaba Chisty, ella tenía un abismo dentro de su ombligo, podía tocarlo y sentirlo cuando lo acariciaba con sus dedos. Sabía que en su interior había una profundidad desconocida, inexplorada, incluso por ella misma. A veces, cuando se despertaba agitada en las oscuras horas de los sueños, percibía las vibraciones que se gestaban en aquel abismo, desde ahí se escapaban ruidos, murmullos, respiraciones y exhalaciones; las cuales le imposibilitaban volver a conciliar el sueño. Su piel rugosa de cálidos tonos, sufría constantes temblores; principalmente temblores nocturnos. Le venía un acceso de suspiros y sin poder contenerlo, la piel que le cubría el cuerpo de los pies a la cabeza, se agitaba con violencia. Tras esto, el silencio parecía filtrarse entre los poros de su piel y derramarse hasta el fondo del abismo. La calma se presentaba poco después, una calma dulzona.
Un día de principios de mes, aquel mes considerado por los termómetros el más frío de los doce; sobrevino el Gran Eclipse. Las manecillas de todos los relojes de aquella región, marcaron con exactitud las trece horas, cuando en lo alto del cielo libre de nubes, la luna oculto al sol. La oscuridad invadió hasta los rincones más inhóspitos, y por supuesto, también se hizo presente en casa de Agatha. La joven asomó su cabeza por la ventaba orientada al sur, sus cabellos plateados comenzaron a tornarse rojizos, plateados, rojizos; algunos quedaron plateados otros rojizos. Lo mismo ocurrió con sus pupilas, con su piel, en todo cuando ella era. Cerró la ventada y desató las cortinas, temerosa y sin poder contener el temblor de sus manos. Se dejó caer sobre el sillón de su casa. Un grito proveniente de los vientos del norte, alcanzó a colarse hasta el interior de su casa, era el grito de una mujer.
            Ayúdenme, parecía chillar una ráfaga ventosa contra la ventana.
            Todavía con los ojos cerrados y el temblor expendiéndose al resto de su dualidad, Agatha sentía como la oscuridad se filtraba, a manera de humo espeso, hasta las más insignificantes grietas.  Hubiera preferido no salir bajo aquellas condiciones; pero la insistencia de aquella ráfaga ventosa, que traía hasta su casa, una lejana voz de mujer, le provocó abandonar, mucho más que el sillón sobre el cual se encontraba sentada, y salir al encuentro de la luna y el sol. Fue así, como tras controlar el temblor generalizado que ya le invadía todo su cuerpo, logró abrir la puerta.
            Los ojos de Agatha quedaron cegados ante aquel negro dominante, y de pronto sintió que se asfixiaba, que el aire no alcanzaba a llegarle a los pulmones, inhalaba con fuerza, pero parecía no ser suficiente. Su cuerpo tembloroso le provocaba inseguridad, temía tropezar y caer de un momento a otro. Respiró entonces con lentitud, mientras en su mente visualizaba el terreno sobre el cual estaba parada, y que debido al Gran Eclipse le era imposible reconocer.
         Por favor, necesito ayuda. La voz llegó hasta ella aún más tenue, casi imperceptible; apenas un susurro que bien podía confundirse con la potencia del viento contra las ramas de los árboles.
            -¿Pero hacia dónde debo ir? – se preguntó tras hincarse sobre aquella húmeda maleza. Depositó luego sus manos contra el suelo, mirando la redondez de la luna cubriendo la circunferencia del sol.
            La oscuridad continuó.
            -¿Me escuchas? Yo a ti si puedo oírte… ¡Dime dónde estás! – comenzó a vociferar Agatha con la misma desesperación con la cual se arrastraba sobre la maleza.
            El cantó de las aves, de los grillos; las hojas al ser arrancadas de sus ramas, la ferocidad del viento contra los árboles; el aullido de los lobos sobre las colinas, el lamento de las fieras; la cascada, el descenso del río. Semejante avalancha de sonidos ensordecían a la joven, quien en su intentó por escuchar una vez más aquella voz, atendía hasta el más leve roce.
            Por favor, no puedo moverme, lo intento pero no logro moverme, ayuda.
            -¿Dónde estás? ¿Me escuchas? ¿Dónde estás? – gritó Agatha incorporándose.
            Detrás de la cascada, por favor ven, no me dejes aquí.
            Agatha conocía a ojos cerrados el camino hasta el río, era su lugar preferido en las noches donde buscarles nombre a las constelaciones, representaba el único medio para serenar sus impulsos.  Exhaló de su cuerpo sus temblores y  su desesperación, lo hizo al tiempo que el aire ingresaba a sus pulmones, mientras lo soltaba por la boca.
            Caminó ávida por alcanzar la orilla del río, para poder entonces ascender hasta la caída de la cascada. Había escuchado, por boca de algunos viajeros que se detenían  a la puerta de su casa, para solicitar agua antes de continuar su travesía; que un poco más allá, algunas casas poblaban un valle, sobre el cual luces violáceas resplandecían en el cielo al morir la tarde. Seguramente, pensó Agatha, allí vivía la dueña de aquella voz que con tanta insistencia solicitaba auxilio. Sin embargo, ella misma no se sentía del todo bien. Desde la caída de la oscuridad, la dualidad propia de su ser, había comenzado a dolerle, no conocía la raíz de aquello; pero hasta la planta del pie era sensible al roce de la húmeda maleza.  Por eso su andar era lento, por eso se detenía para frotarse los brazos y entrar en calor, por eso jadeaba como si llevara sobre los hombros un enorme peso.
            No creo soportar más, por favor, no me dejes aquí. Escuchó por última vez, justo cuando iba cruzando frente a la caída de la cascada. Y aquella voz se volvió silencio. Agatha la llamó en vano, grito y alzó su voz; no obtuvo respuesta. Hizo un último esfuerzo, obligando a sus pies a correr hacia el valle aquel donde habitaban esas casas, acerca  de las cuales, los viajeros mencionaban  las más bellas descripciones. Apretaba su mandíbula para mantener el dolor en el límite  de sus fuerzas. 
            Cuando la cascada quedó a sus espaldas, alcanzó a divisar el valle, bordeado por esbeltas coníferas. Sin embargo, las pocas casas que aún se alzaban ahí, se encontraban totalmente en ruinas. La mayoría de las paredes estaban incompletas, puertas y ventanas carcomidas, entelarañados sus rincones, sumidos en la oscuridad, el silencio y el frío.
            -He llegado tarde…demasiado – murmuró Agatha derrumbándose en el umbral de una de aquellas ruinas.
            Sollozó con la redondez de la luna cubriendo aún la circunferencia del sol.
            Un cálido y brillante fluido, de aspecto incorpóreo, parecía emanar  por debajo de la rendija de la última casa de aquel valle. En un primer momento, Agatha simplemente lo sintió; después, tras sondear la zona, localizó el lugar exacto. Al entrar, el cuerpo tendido sobre el piso de madera, le lleno la visión. Del ombligo de la joven se derramaba semejante fluido, tan cálido, tan brillante.
            La dualidad atrapada en el cuerpo de Agatha, avanzó hasta la joven, se hincó junto a ella, llorosa ante la inmovilidad. Sus dedos acariciaron aquel fluido, estoy aquí, le dijo. La magia dormida en el abismo al interior del ombligo de Chisty, la magia vibrante en la  dualidad de Agatha: pura, pacifica, luminosa; se mezclaron, tornándose un torrente que fluyó hacia el cielo.
El movimiento de la luna comenzó a mostrar fragmentos del sol. El Gran Eclipse se desvaneció en el instante mismo en que la mirada de ambas jóvenes se cruzaron por primera vez.    
-No soy la única, en ti también habita la magia – dijo Chisty  apretando la pequeña mano de Agatha entre las suyas.



ESPERO QUE ESTE CUENTO SEA DE SU AGRADO, ES UNA DE MIS HISTORIAS FAVORITAS, DISFRUTE MUCHO ESCRIBIÉNDOLO. AUNQUE NO TIENE MUCHO QUE VER CON ESTAS FECHAS NAVIDEÑAS, LO CONSIDERO UN CUENTO LLENO DE MAGIA Y ESPERANZA. SUS COMENTARIOS AL RESPECTO SON SIEMPRE BIENVENIDOS.

¡FELIZ NAVIDAD 2013!












viernes, 20 de diciembre de 2013

Escrito por Danz en , , | 12:43 p. m. Sin comentarios
¿Quién fue Henryk Sienke.. Sienki....Quién fue Henryk?!!

Henryk nació y vivió en una zona políticamente conflictiva.

Según el acta de nacimiento y una consulta a wikipedia, el nombre completo de este Polaco es:

 Henryk Adam Aleksander Pius Sienkiewicz de Oszyk. Henryk para sus amigos y para este artículo. 



Este personaje, además de tener un trabalenguas por nombre, nació en 1846 en Polonia y murió en 1916 en Suiza. ¿Por qué es importante este dato? Porque su obra literaria (rigurosamente realista), retratará los conflictos políticos y económicos de una sociedad al Este de Europa que había sufrido desde invasiones hasta una repartición de territorios propiciadas por los propios nobles del país.


El premio que busca la trascendencia.

La trilogía consta de; Sangre y fuego (1884), La inundación (1886) y El señor Wolodyjowski (1888).


Además de una bella prosa, construcción narrativa o novedad en este aspecto del arte. El premio nobel tiene una alta carga política. Y, según el listado de ganadores, a Henryk le dieron este premio por su trilogía épica sobre las invasiones a territorio polaco durante el siglo XVII. 

De profesión periodista y enviado especial al nuevo mundo, situación que amplió la visión de los conflictos políticos de su país, propiciando la prosa realista que lo llevaría a crear la trilogía que lo alzaría al premio.

Polonia, como estado independiente no existía dese 1772 y de hecho tardaría hasta finalizar la primera guerra mundial para lograr serlo. 

Es decir, recibió el premio nobel antes de la gran guerra, antes de que Polonia fuera de nuevo un país independiente. 


Fuera de casa. 

La novela cuenta con 5 adaptaciones cinematográficas. La más famosa (poster) es la norteamericana. 


Desde mi punto de vista, no sabía de la existencia de este autor o de su obra aquí en México.Una búsqueda por la web me reveló que editorial Porrua tiene impreso Quo Vadis, libro que se convirtió en película más de cinco veces. Sin embargo, la trilogía solo esta disponible en precio de importación. 






martes, 17 de diciembre de 2013

Escrito por Nicte Yuen en , , , | 8:36 p. m. Sin comentarios
HABLEMOS DE UN GRANDE



Yo al igual que muchos jóvenes alrededor del mundo, conocí a Tolkien a raíz del estreno cinematográfico de la película El Señor de los Anillos. Recuerdo haber salido de la sala de cine totalmente fascinada, mis pies ya no pisaban el suelo, flotaban presa de aquel hechizo elfico. Y no hubo marcha atrás, aquella historia que hablaba de la Tierra Media, de los enanos, los elfos, los hobbits y una infinidad de seres míticos; se había adherido a mi piel y a mi corazón, amante de la Literatura. Entonces compré la trilogía del Señor de los Anillos, dispuesta a leerlos a penas llegara a mi casa, que digo leerlos, devorarlos, cual carnívora ávida de las letras; sin embargo, mi mamá se apoderó de ellos, como solo lo pueden hacer las madres mágicas, que saben de hechizos y conjuros. Fue ella quien los leyó antes que yo pudiera abrirlos, y cada que tenía oportunidad, me lo echaba en cara, esta libro está increíble. Poco después comencé a investigar más acerca de otros libros escritos por Tolkien, y una cosa me llevó a la otra, descubrir a un Grande dentro de mundo de la Literatura.


¿QUIÉN ES TOLKIEN?
John Ronald Reuel Tolkien, a menudo citado como J. R. R. Tolkien o JRRT, fue un escritor, poeta, filólogo y profesor universitario británico, conocido principalmente por ser el autor de las novelas clásicas de la fantasía como son: El hobbit  y El Señor de los Anillos. De 1925 a 1945, Tolkien fue profesor de anglosajón, ocupando la cátedra Rawlinson y Bosworth en la Universidad de Oxford y, de 1945 a 1959, profesor de lengua y literatura inglesa en Merton. Era amigo cercano del también escritor C. S. Lewis y ambos eran miembros de un informal grupo de debate literario conocido como los Inklings. Tolkien fue nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II el 28 de marzo de 1972. Después de su muerte, el tercer hijo de Tolkien, Christopher, publicó una serie de obras basadas en las amplias notas y manuscritos inéditos de su padre, entre ellas El Silmarillion y Los hijos de Húrin. Estos libros, junto con El hobbit y El Señor de los Anillos, forman un cuerpo conectado de cuentos, poemas, historias de ficción, idiomas inventados y ensayos literarios sobre un mundo imaginado llamado Arda, y más extensamente sobre uno de sus continentes, conocido como la Tierra Media. Entre 1951 y 1955, Tolkien aplicó la palabra legendarium a la mayor parte de estos escritos.
  


TOLKIEN Y SU OBRA:
Tolkien nunca había esperado que sus historias se volvieran populares pero, por casualidad, otro libro que había escrito en 1932 para sus propios hijos y al que había llamado El hobbit pasó de mano en mano sin el permiso del autor hasta llegar a Susan Dagnall, una empleada de la editorial londinense George Allen & Unwin. Ésta le enseñó el libro al presidente de la empresa,Stanley Unwin, quien se lo dio a su hijo pequeño, Rayner, para que lo leyera; la historia le gustó tanto que decidieron publicarlo. En este libro se narran las aventuras del hobbit Bilbo Bolsón que, junto con el mago Gandalf y una compañía de enanos, se verá envuelto en un viaje para recuperar el reino de Erebor, arrebatado a los enanos por el dragón Smaug. Si bien se trata de una historia infantil, el libro atrajo también la atención de lectores adultos y se hizo lo suficientemente popular como para que Stanley Unwin le pidiera a Tolkien que trabajara en una secuela, más tarde conocida como El Señor de los Anillos.


Aunque no se encontraba inspirado para tratar el tema, la petición de Stanley Unwin de una secuela para El hobbit impulsó a Tolkien a comenzar la que sería su obra más famosa, El Señor de los Anillos, una novela de fantasía épica subdividida en tres volúmenes y publicada entre 1954 y 1955. Tolkien invirtió más de diez años en la creación de la historia y los apéndices de la novela, tiempo durante el cual recibió el apoyo constante de los Inklings, en particular de su amigo más cercano, C. S. Lewis, al que prestaba o leía los borradores que iba escribiendo para que los juzgara. Tanto los acontecimientos de El hobbit como los de El Señor de los Anillos están enmarcados en el contexto de El Silmarillion, pero en una época bastante posterior. La intención original de Tolkien al empezar a escribir El Señor de los Anillos era que éste fuera un cuento para niños al estilo de El hobbit, pero poco después recordó el anillo encontrado por Bilbo Bolsón y decidió centrar la historia en torno a él y su devenir, convirtiéndose en un escrito más oscuro y serio; por ello, a pesar de ser una continuación directa de El hobbit, fue dirigido a un público más maduro. Por otro lado, Tolkien aprovechó más en esta novela la inmensa historia de Beleriand, que había ido construyendo en años anteriores y que finalmente fue publicada de forma póstuma en el El Silmarillion y otros volúmenes. El Señor de los Anillos se volvió tremendamente popular en la década de 1960 y se ha mantenido así desde entonces, situándose como una de las obras de ficción más populares del siglo XX a juzgar por sus ventas y las encuestas de lectores, como la realizada por las librerías Waterstone's de Reino Unido y la cadena de televisión Channel 4, que eligió a El Señor de los Anillos como el mejor libro del siglo.


SI  AÚN QUEDAN ALGUNOS POR AHÍ QUE NO SE HAN DADO EL TIEMPO DE LEER ALGUNA O TODAS LAS NOVELAS DE TOLKIEN, HAGANLO, PORQUE NO QUEDARÁN DEFRAUDADOS. 

lunes, 16 de diciembre de 2013



Esos cuentos tristes.


La literatura, así como sucede con todas las artes, se ha visto influenciada también por la religión y las costumbres, una de las partes que la religión Católica introdujo al mundo fue el festejo de la Navidad. Hoy día es una época, que cristianos y no cristianos festejan, si nos vamos a países de Oriente, cada vez han tomado esta fecha para celebración, aunque la connotación de fondo sea pasada por alto.

Durante los más de dos mil años que tiene la religión cristiana en la tierra, ha influido en muchos escritores para escribir, se han escrito grandes obras como es la Divina Comedia de Dante, Fausto de Goethe, El paraíso perdido de Milton… de hecho la lista es muy grande, estas grandes obras de cultura general, sólo son algunos ejemplos.

Eso es tocando el tema religioso, pero dentro de los temas religiosos nos encontramos con esta época del año que ha inspirado a grandes autores a tallar la pluma sobre el papel para crear historias relativas a las fiestas decembrinas.

El día de hoy les hablaré de una de las historias que más me han gustado, la cual pertenece a un escritor que está en la lista de mis favoritos: Hans Christian Andersen.

Este escritor, se dedicó a escribir cuentos, muchos de ellos con finales tristes y un poco melancólicos, también tiene algunos con finales felices  aunque podría decirse que son minoría.

Uno de los cuentos de Andersen está inspirado en las fechas navideñas, trata de una niña muy pobre que vende cerillos en medio del frío clima en la noche de Navidad.  Aquí se los dejó junto a un corto animado que realizó Disney basado en este cuento.


La cerillera (o la niña de los fósforos)

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pillasen dos carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

 Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla.

Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Ésta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

–Esto quiere decir que alguien ha muerto  –pensó la niña–; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios."

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

–¡Abuelita! –gritó la niña–. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser acurrucado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

–¡Ha querido calentarse la pobrecita! –dijo uno.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué esplendor había entrado con su anciana abuela en el reino de los Cielos.

Cuentos

Hans Christian Andersen

Editorial Porrúa

Colección: Sepa cuántos… Núm. 83

Pág. 44 

 
Escrito por Karla Medrano en , , | 2:55 p. m. Sin comentarios
   Frío


         


Despertar quizá no fue lo más sorprendente, quizá eso sólo fue lo más difícil... Destino, destino, destino me repetía y aún con la sensación de esa fuerza asfixiante en mi cuello, destinó una vez más... ¿Mi destino era este?, las cosas aún eran difusas en mi mente, ¿dónde estaba? ¿Muerta?, todo era blanco, frío como sí fuera nieve, o quizá un congelador... De mi codo brotaba sangre a paso lento, pero de un carmesí grueso, de un carmesí profundo. ¿Dónde estaba?

Cuando me puse de pie me sentí nada, quizá la muerte era eso era nada, la respuesta estaba allí, la muerte era eso, era caminar y no percatarse del peso de nada, era no cerrar los ojos, era estar allí, hecha un nudo de sensaciones que no te mueven ni tantito ¿la muerte era eso? La muerte no dolía; muy al contrario me dejaba respirar.

Escuche una voz, una que no sabía de donde venía yo aún estaba en ese frío congelador, "Está muerta", decía una voz anciana. ¿Yo estaba muerta?, pensé en papá, en su silueta sola en esa casa enorme.

No sentí tristeza... No había nada.

-Sofía, no te muevas -escuche una voz musical, una voz dulce de mujer, también era una voz anciana.

Comencé de pronto a sentir de nuevo, como si algo se activara, como si un botón se hubiera encendido, y de un instante a otro allí estaba mi rostro viendo el bosque, aún hacia frío y el sol estaba en su cúspide, ¿qué había pasado?, ¿en dónde había estado?, ¿no había muerto?...

Cuento sentí que el paisaje dejaba de moverse en mi mente, me puse de pie, sangraba del codo y de el cuello también, mire el suelo, junto donde mi sangre se había derramado comenzaba a brotar pasto, a una velocidad visible, sentí miedo.

"Sofía, tienes que salir de aquí" escuché esa vos suave de nuevo "Ve derecho" decía como sí estuviese ida esa voz, sin ningún sentimiento en ella.

Hice lo que escuché, corrí con todas mis fuerza derecho, y allí estaba, la camioneta esperándome al pie de la carretera, también estaba ese árbol que vi cuando recién llegué, ese árbol que sabía no debía de tocar.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Escrito por Nicte Yuen en , , | 7:13 p. m. 2 Comentarios
1904: EL PRIMER NOBEL COMPARTIDO

Continuando con este recorrido a través de la historia del Premio más importante en el ámbito de la Literatura, como lo es el Nobel; aquí les comparto quiénes fueron los dos ganadores de tan prestigioso Premio, allá por el año de 1904, un escritor español y el otro francés.
  
JOSÉ DE ECHEGARAY (1832-1916)
PAÍS: ESPAÑA


Fue un ingeniero, matemático, dramaturgo, político español, fue un personaje muy versátil, que triunfó en todos los campos en que intervino. No sólo ganó el Premio Nobel de Literatura, sino que también hizo importantes aportaciones a las matemáticas y a la física; introdujo en España la geometría de Chasles, la teoría de Galois, las funciones elípticas. Está considerado, en fin, como el más grande matemático español del siglo XX.
En 1865 comenzó su actividad literaria con La hija natural. En total, estrenó 67 obras de teatro, 34 de ellas en verso, con gran éxito entre el público de la época. En 1896 fue elegido miembro de la Academia de la Lengua. En su primera época sus obras estaban inmersas en la melancolía romántica, pero más adelante adquirió un tono más social.





OBRA MÁS IMPORTANTE: El gran Galeoto (1881)









FRÉDERIC MISTRAL (1830-1914)
PAÍS: FRANCIA


Nació en Maillane, y comenzó a estudiar hasta los nueve años de edad. Se graduó en derecho en Aix en Provence, y promovió la Independencia de  la Provenza, y sobre todo del provenzal, la cual fue la primera lengua de la Europa civilizada. Su apellido fue tomado por la escritora chilena Gabriela Mistral.
En unión con el poeta Roumanille, fundó el movimiento del félibrige, y ambos se convirtieron en artífices del renacimiento de la lengua occitana. Su obra condujo a la lengua provenzal a los más altos niveles de la poesía épica.

OBRA MÁS IMPORTANTE: Mireia (1859)

lunes, 9 de diciembre de 2013




El poder privado.



Es muy difícil encauzar a alguien para que lea, al menos aquí en México, aunque creo que no sólo aquí sino en el resto de Latinoamérica, en la pasada FIL, en una de las conferencias Laura Restrepo, escritora colombiana, decía “En Colombia, hay un programa gubernamental que se aplica en las escuelas primarias, donde cada año, la escuela adopta a un autor local” comentaba que la experiencia era fascinante, ya que en los pueblos hacían igual a una fiesta patronal cuando el autor adoptado iba a visitar la escuela, “Organizan recitales, obras de teatro, lecturas en voz alta, manualidades y pinturas basadas en la obra del autor”, terminó diciendo que era porque veían lo que va a pasar con los escritores, que estamos en peligro de extinción, al igual que los pandas…

Pero no es que no haya escritores, creo como dice la maestra Caro, que hay más escritores que lectores y eso es el verdadero problema. Los lectores serían más bien los que están en peligro de extinción.

Eso sucede por múltiples razones, porque vivir un país que no tiene la cultura de la lectura, que en televisión abierta está prohibido el subtitular películas extranjeras, que en las escuelas tengan malos planes de promoción de lectura, porque promocionan más a los futbolistas que a pintores, escritores o artistas plásticos…no ayuda a crear nuevos lectores. Y en parte es porque al gobierno le conviene que siga así, no quiere ciudadanos pensantes, no quiere a ciudadanos que le interroguen, que les exijan un mejor gobierno.

Ya hemos hablado de la importancia de la lectura como ejercicio para el cerebro, también hemos hablado de como iniciar a la lectura a niños, a adolescentes e incluso a adultos. Pero como escritores tenemos un deber para la sociedad, plasmar los sentimientos humanos, criticar los errores, exponer las injusticias. Alzar la voz por medio de la palabra escrita…

Por otra parte, el querer compartir el gozo de la lectura, demostrar que leer es un disfrute, que es mucho más barato que ir al cine, que rentar películas o que pagar internet… aclarar que un libro te da muchas horas de entretenimiento, de complicidad, de emociones… decirlo para alguien que lee es fácil, comprenderlo para alguien que no lo ha hecho nunca es difícil.

¿Por qué? Porque, leer es un acto privado, nadie puede leer por ti, nadie puede experimentar por uno, lo que yo sentí al leer un libro no será lo mismo que sienta otra persona al leerlo, no se puede hablar de tal o tal libro es bueno, o que el otro libro es malo, no se puede generaliar cuando se sabe que no todos vivirán las mismas cosas al hacerlo.

Leer un libro, es así, porque además de  generar emociones, puede generar otras cosas entre ellas se puede hablar del poder, ya que cada libro da poderes especiales a quien los lee, el poder de convertirte en parte de la historia que se lee, el poder de sentir empatía u odio hacia un personaje, el poder de controlar el tiempo ya que cada quien lee a su paso, el poder de revivir la parte que más te gusto, leyéndola cuantas veces uno crea necesario, el poder de encontrar respuestas a interrogantes que nos hayamos hecho en nuestra vida diaria.

Leer un libro por goce, es un poder individual maravilloso, pero por lo mismo, no se puede transmitir tan fácilmente, no se puede experimentar por otros, es algo que debe ser personal y lo convierte en un acto solitario.

Tal vez es por eso que mucha gente odie leer, ya que hacerlo implica tomarte un tiempo a solas, conversar con uno mismo, repensar las cosas y activar nuestro cerebro, algo que no todos están dispuestos a hacer.

Podemos hablar de miles de manera de acercarnos a la lectura, sin embargo, nos recomendaba una de nuestras maestras, la mejor forma de promocionar un libro no es platicando si nos gustó o  está bien escrito, porque eso es irrelevante para quien no ha leído, la mejor forma de conseguir nuevos lectores es demostrando la pasión, las emociones, incluso si fue de enojo, todo aquello que se sintió al leer tal o tal libro, mostrar la condición humana de las historias para que la gente pueda sentirse relacionada y le den ganas de leer.

No es una tarea fácil, y puedo asegurar que éste no será el último post sobre lectura, porque mientras los lectores seamos una especie en peligro de extinción tendremos la obligación de protegerlos y de tratar de crear nuevos lectores.

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