jueves, 24 de octubre de 2013

¿Hay literatura que explote el folklore mexicano?

Esta interrogante me acompañó durante gran parte de mi adolescencia y juventud.

Hace tiempo, mientras veía Cronos (de Guillermo del Toro), me pregunté: ¿Cómo es posible que la literatura mexicana no tenga ideas y conceptos como los del gordo del Toro? Pensaba, en esos años experiencia localizada, que el estilo fantástico se incluía de una manera abstracta en toda narrativa que incluyera; fantasmas, vampiros, entes malignos, ciencia ficción, monstruos imaginarios... etc.

Todo este concepto, que en mi mente tenía todo el sentido del mundo, se basaba en lo que conocía de literatura extranjera, sazonado con la larga fila de películas clase B del cine norteamericano. Mi malinchista lectura se fue acabando conforme entró, de manera sutil, la lectura de cuentos latinoamericanos. Cortázar y Borges siendo los pioneros en reclamar atención hacia lo escrito en español. Aun así, ese gusto quinceañero por las historias de espantos y esperpentos cinematográficos no se vio completamente extasiado por estas lecturas.

Mi duda crecía sobre todo en la época del día de muertos, celebración altamente folclórica. 


Entra en escena la literatura de Fuentes

En esa continúa búsqueda llegó, batiendo sus alas, Vlad. Una historia del clásico vampiro pero ubicada completamente en el D.F. Carlos Fuentes, autor de esta novela, se me antojó a un autor de realismo mágico dado a la locura de sus últimos años. Pensaba al terminar de leer la novela “lástima que sea de las últimas y que apenas estaba iniciando en lo fantástico”.

Uno de los grandes placeres que me da la vida, es el que los paradigmas se me caigan a pedazos, provocando que enriquezca mi conocimiento del mundo. Conforme escarbé, en la literatura de Fuentes, descubría esos elementos que estaba buscando desde hacía tiempo. En Aura, la narrativa se me antojo novedosa, indescriptible, incluyente. Fuentes, me demostró que el producto narrativo “mixto” de lo fantástico viniendo de un mexicano, era posible. No solo eso, sino que ya existía desde la mitad de los cincuenta. Fuentes tomó mi malinchismo en un abrazo fraterno y le dijo despacito “estás chavo”.


Curiosamente llegué a leer Vlad; porque creía que aquí venía el personaje llamado Aura.


Entre cuentos te veas

La literatura de Carlos me sigue llenando de sorpresas y buenos momentos. De manera más reciente en sus cuentos (incluidos en “los días enmascarados”) he descubierto el epitome de lo que es la combinación perfecta de mis gustos adolescentes y la adicción a la buena literatura.

Está primera antología de cuentos de Fuentes vienen incluidos; Chac Mool, En defensa de la Trigolibia, Tlactocatzine del jardín de Flandes, Letanía de la orquídea, Por boca de los dioses y El que inventó la pólvora. Todos ellos cuentos fantásticos, inclusive el último con toques de ciencia ficción..

Es en los cuentos donde he descubierto el disfrute de la literatura fuentina (y en Aura, pero es una novela lo suficientemente corta para leerse en una sentada). Darle una oportunidad a los primeros pasos de este gran cuentista es una experiencia que no dejarán de disfrutar. 

A mi parecer, lo fantástico le sale genial a Fuentes en su narrativa corta. 



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