lunes, 16 de diciembre de 2013

Escrito por Karla Medrano en , , | 2:55 p. m. Sin comentarios
   Frío


         


Despertar quizá no fue lo más sorprendente, quizá eso sólo fue lo más difícil... Destino, destino, destino me repetía y aún con la sensación de esa fuerza asfixiante en mi cuello, destinó una vez más... ¿Mi destino era este?, las cosas aún eran difusas en mi mente, ¿dónde estaba? ¿Muerta?, todo era blanco, frío como sí fuera nieve, o quizá un congelador... De mi codo brotaba sangre a paso lento, pero de un carmesí grueso, de un carmesí profundo. ¿Dónde estaba?

Cuando me puse de pie me sentí nada, quizá la muerte era eso era nada, la respuesta estaba allí, la muerte era eso, era caminar y no percatarse del peso de nada, era no cerrar los ojos, era estar allí, hecha un nudo de sensaciones que no te mueven ni tantito ¿la muerte era eso? La muerte no dolía; muy al contrario me dejaba respirar.

Escuche una voz, una que no sabía de donde venía yo aún estaba en ese frío congelador, "Está muerta", decía una voz anciana. ¿Yo estaba muerta?, pensé en papá, en su silueta sola en esa casa enorme.

No sentí tristeza... No había nada.

-Sofía, no te muevas -escuche una voz musical, una voz dulce de mujer, también era una voz anciana.

Comencé de pronto a sentir de nuevo, como si algo se activara, como si un botón se hubiera encendido, y de un instante a otro allí estaba mi rostro viendo el bosque, aún hacia frío y el sol estaba en su cúspide, ¿qué había pasado?, ¿en dónde había estado?, ¿no había muerto?...

Cuento sentí que el paisaje dejaba de moverse en mi mente, me puse de pie, sangraba del codo y de el cuello también, mire el suelo, junto donde mi sangre se había derramado comenzaba a brotar pasto, a una velocidad visible, sentí miedo.

"Sofía, tienes que salir de aquí" escuché esa vos suave de nuevo "Ve derecho" decía como sí estuviese ida esa voz, sin ningún sentimiento en ella.

Hice lo que escuché, corrí con todas mis fuerza derecho, y allí estaba, la camioneta esperándome al pie de la carretera, también estaba ese árbol que vi cuando recién llegué, ese árbol que sabía no debía de tocar.
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