jueves, 30 de mayo de 2013

Escrito por Nicte Yuen en , , | 5:26 p. m. Sin comentarios
Los Demonios del Escritor

Durante la pasada Feria Internacional del Libro, en esta ciudad de Guadalajara, tuve la oportunidad de asistir a la presentación del más reciente libro del escritor mexicano Xavier Velasco, titulado: La edad de la punzada. En algún punto entre los flashazos de las cámaras fotográficas, las carcajadas de los adolescentes de la última fila y mi intentó por escuchar lo que estaba comentando Velasco; la siguiente frase me provocó escalofríos:

Cuando escribo invocó a todos mis demonios



Me reacomodé en mi asiento en pleno estado de alerta máxima, de hecho contuve el aliento, no quería perder detalle. Ahí estaba el escritor, micrófono en mano, moviéndose de izquierda a derecha sobre el entarimado, sonriendo a la audiencia que mantenía abarrotado el salón donde se llevaba a cabo la conferencia; explicando su necesidad de traer al presente cada una de sus obsesiones, temores, confusiones y demás traumas.


Necesito a esos demonios acumulados a lo largo de mi vida, los necesito al momento de escribir mi novela, sacarlos del pasado y materializarlos en mi presente.


Yo solía decirme de vez en cuando, que escribía para exorcizar los demonios que me asfixiaban, que al terminar un cuento o un poema, los debilitaba; porque deseaba deshacerme de ellos, aniquilarlos. Así que las palabras de Velasco fueron una especie de sacudida emocional. Durante años había buscado la manera de exorcizarlos, en una especie de autonegación; como si pudiera desaparecer esa parte oscura de mi misma.


Recuerdo a las personas que se burlaron de mí, a los compañeros que me molestaban, recuerdo el dolor que me causaron… Escribo sobre las sensaciones que me dejaron.




Cuando terminó la presentación del libro y el público estalló en aplausos, me quedé paralizada rebobinando aquellas frases en mi cabeza. Dejé mi asiento y avancé en automático; entonces los comentarios de las personas a mi alrededor comenzaron a mezclarse con mis pensamientos. Los seguidores del mexicano, los retractores, los estudiantes que asistieron buscando puntos extra para su materia de literatura, los que ingresaron al salón por mera equivocación, los periodistas.

A partir de aquel día de finales de noviembre, mis demonios y yo, mantuvimos una extensa charla para reconciliarnos. Bienvenida la oscuridad que carcome mi ser.


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