domingo, 29 de septiembre de 2013

Escrito por axlmar en , , | 3:44 a. m. Sin comentarios


7. Recuerdos.



 
Para año nuevo, me voy sintiendo más y más paranoica, sigo extrañando a aquella madre que nunca tuve, a aquella que me creé con fantasía y recuerdos de alguien más. De quienes sí la conocieron, de quienes le guardan un profundo respeto, de esos que le habrían puesto un altar cual si fuera como esos santos de los templos, y de quienes la recuerdan peor que el mismo diablo. Aún podía escuchar cada vez que la abuela estuviera dispuesta a hablar, en medio de ceños fruncidos y mandíbulas apretadas, lo mala mujer que fue mi madre… lo mal que fue al querer quitarse la vida.

Ella fue originaria de un pueblo, o al menos ese forastero me lo dijo, aunque comenzaba a pensar que no era tan forastero, era ese hombre que había visto como si fuera mi sombra, en cada una de las fiestas y reuniones a las que había asistido. De repente había dejado de verlo, entonces deseaba poder hacerlo ¿estaba loca? ¿Quién podía extrañar a alguien que te ponía los pelos de punta? Porque su aspecto no era lindo, tampoco atractivo de alguna forma. Pero sentía que había perdido algo que nunca tuve realmente.

Cuando le pregunté a mi padre sobre el dichoso pueblo, abrió los ojos y sólo atinó a preguntarme que dónde había escuchado ese nombre. No sabía por qué, pero había evitado decirle del hombre, de esa sombra… Como si sólo yo tuviera derecho sobre ese conocimiento, mi padre me miró y después dijo con esa cara que yo conocía bien, con esa cara repleta de mentiras, tan parecida a la mía. “Es un lugar lejano y sin nada que ver”.

Supe que tal vez tenía razón en una de las dos cosas, tal vez estaba lejano, o tal vez no había nada que ver en ese pueblo, pero para mí la curiosidad crecía, tenía más ganas de verlo aunque fuera un rancho bicecletero, aunque fuera una sola calle polvorienta, porque si lo veía, tal vez obtendría más respuestas, pero así como supe eso, sabía que mi padre estaría en contra, que aquella abuela de labios fruncidos también se opondría a que yo quisiera buscar algo más sobre mí, algo sobre esa mujer que me había acompañado no como debía haberlo hecho sino como ese tipo de leyenda que se cernía sobre ella.

Bajé al sótano de mi casa, busqué entre los cachivaches viejos y oxidados, aquellos olvidados por todos, aquellos que en alguna ocasión fueron parte de nuestra vida diaria, aquellos que fueron importantes en algún punto. Pude observar esos viejos experimentos de ciencias de la escuela ¿por qué mi padre no se había desecho de eso? casi desde un instante eran trastes inservibles, ni siquiera habían funcionado tan bien, pero allí estaban, como en una especie de museo dedicado… a mí. Había prácticamente cada cosa que había tocado. Incluso los zapatos que en su momento tiré a la basura, de alguna manera habían terminado en esa bizarra exposición. Eso me hizo pensar que nunca había bajado a esa parte de la casa.

Busqué durante horas antes de encontrar algo que valiera la pena de ser visto, a mi punto de vista, debíamos de tirar toda esa basura, que sólo estaba allí ocupando espacio. Las cosas interesantes llegaron cuando localicé las cosas de cuando era bebe. La vieja cuna que debí haber utilizado, los juguetes casi hechos hilachas, y un polvoriento álbum de fotografías.

Lo abrí cual si fuera un tesoro, viendo las imágenes amarillentas, casi desvanecidas por los años y la humedad. En cada una de las fotografías podía ver a mi madre riendo, de verdad había tenido una madre, alguien que me había tomado entre sus brazos y quien lucía feliz. ¿Qué había pasado con ella? ¿cómo alguien que parece tener la vida perfecta se quita la vida? ¿De verdad se había quitado la vida?

Las preguntas fueron acumulándose. Y yo seguí hojeando el álbum, las fotos terminaban un poco antes de la boda de mis padres, aunque no veía fotos de una boda formal, no se veía un vestido largo ni pompas o fanfarrias, ¿cómo alguien que poseía prácticamente una mansión no había tenido dinero para una boda decente? Además otra cosa me llamó la atención… no veía una sola foto con alguien de la familia de mi madre.

La última foto se estaba despegando, era de antes de casarse, había algo escrito en la parte trasera. “Tlacocotlpan, donde el tiempo se detuvo y la felicidad empezó”. La cara de mi madre en verdad se parecía a mí. Todos quienes me lo habían dicho estaba en lo cierto. Sin embargo más que el parecido físico me saltó el nombre, era el mismo que me había dicho ese hombre.

Algo dentro de mí, comenzó a revolotear, era la idea de ir a ese lugar, de buscar ese pueblo donde mi madre había crecido, donde el tiempo se detenía… donde su felicidad había comenzado.

Podía irme por mi cuenta, pero no quería hacerlo, sin embargo tampoco quería decirle a mi padre que quería ir, hacerlo se sentía como algún tipo de deslealtad, al mismo tiempo que era algo que quería seguir guardando en secreto.

Para saber llegar, sino podía recurrir a mi padre tenía que hacerlo con ayuda de alguien más, en mi mente sólo me vino esa cara que ya no me era tan desconocida, esa cara de ese hombre, de esa sombra mía que hacía tiempo no veía.

¿Había alguna vez alguien buscado a su victimario? No que aquel hombre me hubiera hecho algo que me considera una víctima, pero en cierta forma era mi sentimiento.  Pero ¿dónde buscarlo? Hasta el momento los encuentros con él habían sido no creo que fortuitos, creo que él me seguía… pero al parecer me seguía todo el tiempo, entonces ¿qué lo había hecho hablarme en esas ocasiones? Acaso había algo en mí que le hacía bajar la guardia. O mejor dicho… él no bajaba la guardia, sino que hacía algún tipo de ataque directo.

¿Cómo se busca una aguja en un pajar? ¿Cómo se encuentra a alguien que quiere estar escondido?
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