viernes, 6 de diciembre de 2013

Escrito por Nicte Yuen en , , | 6:30 p. m. Sin comentarios
Las Alas de la Libélula
Capítulo 16: “Sangre”



El sonido que producían mis pasos al correr sobre aquella árida tierra, me recordaba la potencia de los timbales, los cuales retumbaban en cada fibra de mi ser, recordándome que aún seguía con vida.
Corre. La voz de mi madre explotó en mi cabeza, impulsándome a continuar, pese que el aire comenzaba a faltarme, de la misma forma que mis piernas se debilitaban. Corre Sofía o ese hombre va a matarte. Casi podía sentirla viva junto a mí, resignada a padecer la misma suerte que yo. Casi. ¿O acaso sería al revés? ¿La hija que repite el ciclo? ¡El ciclo de la Libélula!
-¡Tu muerte será la ofrenda perfecta! ¡Tlacotalpan resurgirá de entre sus cenizas! ¡La lluvia que cae sobre esta tierra! ¡La sangre de la elegida que nutre las cenizas de nuestro pueblo! – la voz del hombre persiguiéndome, acelerando sus movimientos.
            -No me interesa ser la elegida… - murmuré jalando aire hasta mis pulmones, mirando de reojo aquel hombre vestido de blanco, con su barba espesa y negra rodeándole la boca, y enmarcando tan amarga; quien, a escasos centímetros, estiraba los brazos para alcanzar a sujetarme.
            -¡Tlacotalpan necesita el sacrificio! – gritó el hombre jalándome de los hombros hacia atrás, hasta impactarme contra aquella tierra solitaria.
            Mi cabeza golpeó contra las rocas que cubrían de irregular forma la tierra en declive, mis ojos  miraron los suyos mientras sentía la herida pulsante en la parte inferior de mi cráneo, la lluvia se intensificó sobre mi cuerpo.
            -Por favor… - quise gritarle al hombre en un último intento por salvar mi vida, pero apenas salió un susurró de mi boca – por favor no…
            Cerré los ojos, sabía que ya no podría escapar.  Sentí entonces el peso del cuerpo de aquel hombre sobre el mío, succionándome la existencia. ¡Lo haría, apretar mi cuello hasta el punto sin retorno! Y yo, en algún lugar de mi cabeza, seguía repitiendo por favor, por favor no me maté; sin embargo, mi voz se había convertido en un profundo silencio.
            -¿Conoces el significado de la palabra “destino”? – me preguntó el hombre, rozando con sus dedos la sangre que manaba de la herida en mi cabeza - ¿Destino?
            Aquella árida tierra y la lluvia que la nutría  empezaban a tornarse borrosas, como si estuvieran diluyéndose a mi alrededor.  Preferí dejar caer mis parpados al compás de la voz de aquel hombre de ropas blancas. Preferí abandonarme.

            
ESPERO QUE ESTA HISTORIA ESTÉ SIENDO DE SU TOTAL AGRADO, Y QUE LA DISFRUTEN TANTO COMO NOSOTROS, TODOS SUS COMENTARIOS SON BIENVENIDOS. HASTA EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE ESTA NOVELETA.
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