martes, 1 de octubre de 2013

Escrito por Nicte Yuen en , , | 6:50 p. m. Sin comentarios

Crónica de una Novela Anunciada



Comenzar a escribir una novela no es tarea sencilla, obtener una buena idea sobre la cual desarrollar las próximas trescientas páginas, mucho menos. Y es que con las buenas, buenísimas intenciones del escritor por escribir su primera novela, no es suficiente; claro está que es un primer paso, el primero del maratón que se encuentra frente a él.

Y en esas andaba yo, con la intención de escribir una novela; después de escribir por un largo tiempo solamente cuentos, y muy de vez en cuando, algunos versos, algunas estrofas que terminaron siendo poemas. Andaba  por la vida en busca de una buena idea que poder desarrollar, quizá el comienzo de una trilogía, de una saga, que se yo, el comienzo de algo, ya me daba con eso. Andaba, pero a oscuras, porque ninguna idea cruzaba mi mente, media desértica, tierra de nadie donde los únicos  valientes que la habitan son los vampiros.

Mis pasos perdidos me guiaron hasta el tianguis cultural, zona por donde una puede pasearse de negro absoluto, sin que recibas miradas acusadoras por la vestimenta que se luce. Era sábado, como a eso de las doce del medio día, iba acompañada por una buena amiga,  quien es ilustradora además de escritora, experta en la organización clandestina del susodicho tianguis. Caminábamos bajo la sombra de una hilera de árboles, charlando sobre nuestra lista de pendientes por comprar: vestido negro, guantes, gargantilla, ataúd, cosas por el estilo; cuando un viejo edificio abandonado, grafitteado y más roto que otra cosa, provocó que nos detuviéramos a observarlo desde la acera de enfrente.



-Es tan lamentable que lo hayan dejando así abandonado – comentó mi amiga.
-No sé, quizá… - intenté decir yo.
-Es que quien sabe cuántos años tiene ya solo, desde que recuerdo se encuentra igual, me da tristeza – continuó mi amiga absorta en la contemplación de dicho edificio.
-yo creo que el edificio está repleto de fantasmas, solo que no dejan que veamos lo felices que viven ahí dentro – solté en un intento por ser optimista respecto al evidente abandono del lugar en cuestión.
-Seguro nos están viendo desde aquellas ventanas.


Spectral Residencial pensé, podría ser un buen título para una novela sobre un edificio repleto de fantasmas más animados que los mismos vivos.

Camino a casa, entre el tráfico de las tres de la tarde y el camión estilo lata de sardinas, comencé a inventarme una historia sobre una médium amante de los espíritus, una mujer cuyos mejores amigos sean los que “ya pasaron a mejor vida”. Divertida y luminosa, justo así quería que fuera la trama en cada nuevo capítulo.  ¿Quién dijo que los fantasmas son unos tipos aburridos?



Abrigada por la recién nacida idea para la novela que andaba en busca de escribir, me sentía feliz, el segundo paso estaba dado; ahora ya tenía los deseos de escribir y una idea que me satisfacía.

Quizá la próxima ocasión les cuente sobre los siguientes pasos en este maratón llamado: escribir una novela o morir en el intento.






¡Saludos a todos los que nos leen en el libro rojo, esperamos sus comentarios!



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