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miércoles, 18 de junio de 2014

Escrito por Nicte G Yuen en , , | 6:29 p. m. Sin comentarios

En está ocasión les presentó un cuento que escribí para mi clase de psicología del personaje, y aunque ya hace un año que lo hice, sigue siendo uno de mis favoritos, espero les guste.

Crónica de un explosivo anunciado

El día que lo iban a matar, Santiago Nasar
se levantó a las 5:30 de la mañana.
Crónica de una muerte anunciada.
Gabriel García Márquez


El cuerpo del hombre aquel, cuya identidad desconocía, estaba abandonado sobre el asfalto, recostado en su propia sangre; la cual aún escurría de las múltiples heridas, causadas por una recién comprada lámpara de noche. Había guardado la nota en su cartera, doscientos pesos. Ésta se aferraba ensangrentada a la mano izquierda, o la mano izquierda se aferrada conmocionada a la lámpara de noche recién comprada. Uno, dos, tres, cuatro, cinco golpes directo a la parte posterior de la cabeza, habían dejado inservible la base  metálica de la misma. Miraba catatónico al hombre, su rostro salpicado con la sangre del asesinado, viajaba sorprendido, de la cabeza destrozada al abdomen, del abdomen a los brazos y de los brazos a las piernas, encontrando un cuerpo cubierto de golpes y heridas, por cuyos espacios la sangre lo escandalizaba. Observaba incrédulo aquella cabeza impactada contra esa parada oficial de camiones, sangre…Observaba aterrado aquellos brazos sobre letras y líneas amarillas, sangre…Observaba avergonzado aquel abdomen, donde había acabado enterrado el terminado en acero inoxidable de su lámpara, sangre…Observaba culpable, culpable, culpable, setenta veces siete culpable al hombre carente de vida; ahí, con sus ojos negros absolutamente abiertos, mirándole vacíos, muertos.
-Lo maté – se dijo a si mismo sin atreverse a soltar la lámpara asesina – lo maté… Cierra tus malnacidos ojos y deja de cuestionarme, si, lo hice, lo hice, pero… - dejó caer la lámpara contra el cuerpo del sujeto, retrocedió, se llevó ambas manos a la frente, limpiando el sudor que le escurría, bajándolas hasta el cuello, limpiando una y otra vez el sudor que le escurría. Retrocedió tambaleante, giró sobre si mismo buscando testigos, nadie, la calle estaba sumida en un silencio acusador. Retrocedió, dio media vuelta y echó a correr calle abajo. Corrió las siguientes diez cuadras que conectaban aquella calle con la avenida que lo conducía todos los días del trabajo a su casa. Corrió sobre la avenida aquella hasta quedar exhausto. Corrió aún más allá de sus propias fuerzas, impulsadas sus piernas por la culpabilidad que trastornaba sus sentidos, impulsadas por los reproches que circulaban en alguna esquina de su cerebro.
-Necesitaba tomar el taxi, realmente me urgía tomar el taxi, y ese idiota, que se quiere subir antes que yo y ganármelo…Cabrón, fui yo quien le hizo la parada al taxista, yo tenía que tomar el taxi, yo y no él, yo maldita sea, yo y no él – decía con las primeras lloviznas de aquella noche, cayéndole sobre su cara manchada de sangre –Maldito aprovechado… yo le hago la parada y tú te subes y te vas. Tenía ya más de veinte minutos esperando, cabrón aprovechado, pensabas que te ibas a subir a mi taxi e irte a tu casa, y yo me iba a quedar como pendejo hasta quien sabe que horas. No, no cabrón.  Pero… - se detuvo respirando agitado, la lluvia había arreciado – Maté a ese tipo que quería subirse al taxi cuando le pedí la parada…Soy un…un asesino.
Encontró las llaves de su casa, al fondo del bolsillo delantero de su pantalón, ya las había buscado antes en los bolsillos traseros, y pateado mientras tanto el cubrepolvos de la puerta. Los focos estaban encendidos al interior de su vivienda, las ventanas estaban corridas y las cortinas amarradas. Miró su celular y comprobó que pasaban de las doce de la noche. El televisor funcionaba, el conductor daba noticias deportivas, sin embargo, no alcanza a divisar ninguna silueta sentada en los sillones, ni su mujer, ni sus hijos. Abrió, la puerta se azotó contra la pared manchada de sangre vieja. Un nuevo silencio embargaba la casa, desde el umbral hasta el patio, donde su pastor alemán no había ladrado. Caminó echándole un vistazo a todo aquel vacío. Subió las escaleras que llevan a las habitaciones, el cuarto de su hijo mayor estaba abierto, las puertas del closet mostraban un total vacío, igualito al resto de los otros  roperos y burós.  Continuó directo hasta su propio cuarto, la cama matrimonial estaba tendida, su mujer no estaba, ni ella ni su ropa mi alguna de sus pertenencias. Entró al baño, tomó el jabón y lavó sus manos al menos en tres ocasiones, le quedó aquella sensación desconocida, de sentirse la sangre del hombre, que había muerto a golpes de lámpara recién comprada.  

viernes, 6 de junio de 2014

Escrito por Nicte G Yuen en , , , , | 7:20 p. m. Sin comentarios
Sofía y el Vampiro

A CONTINUACIÓN LES PRESENTO UNO DE LOS CUENTOS QUE HE ESCRITO SOBRE VAMPIROS, ESTE ES UNO DE MIS FAVORITOS Y ESPERO LES GUSTE. ¡DISFRÚTENLO!


            Durante varios siglos haz vivido solo, resguardado de la humanidad en ese empolvado ataúd. Tomaste el sótano y pintaste las ventanas de negro. Ocultaste la casona, herencia de tus abuelos, en algún punto muerto de la montaña. Los nacientes del nuevo siglo desconocen tu existencia, escuchan tu nombre y hacen referencia a un mito ya desgastado. A ti ni te importa, caminas entre ellos en noches sin luna, sediento. Bebes su sangre cada tres ciclos lunares, prefieres no hacer distinciones y asesinas al primer individuo que se cruza por tu camino; en la mayoría de los casos, viajeros perdidos en la montaña. Pocas veces llegas hasta el pueblo, algún borracho como aperitivo es lo normal.  Regresas renovado, y devoras algún libro bajo el baile mortal de un cabo de vela; sueles tener una reserva grande de ellas, porque gruesos volúmenes de leyendas de tus congéneres acompañan tus soledades. Ya hasta perdiste el recuento de la última centena de gatos que dormían sobre tu ataúd, todos ellos carentes de un nombre, de una identidad. Durante tu última escapada conseguiste uno, pero odia tu ataúd y suele dormir al pie de la escalera.
            Entonces conociste a Sofía. Esa madrugada subiste a la cocina en busca de algo para alimentar a tu felino recién llegado; lo elegiste porque prefieres a los gatos negros de buen porte, y lamentablemente, te salió tan domesticado que ni cazar ratas entra en sus habilidades. Lo escuchaste maullar al pie de tu ataúd desde el atardecer; y no se detuvo, hasta que tuviste a bien abrir la tapa para atender a sus reclamos.
            Lloviznaba desde la noche anterior y no había cesado, el cielo estaba tan cerrado que vivirías un pésimo temporal el resto de la semana o quizá todo el mes. Te percataste que el agua se había filtrado y ya tenías el suelo encharcado. La peor parte era tu biblioteca, porque tenías una docena de goteras y aquel goteo permanente te recordaba a una orquesta mal afinada.Lo detestabas, y te urgía regresar al sótano.
            Cruzaste de mala gana el comedor hasta alcanzar la sala, el gato caminaba entre tus pies, el verdor encendido de sus ojos, era el único punto de luz de aquella casona. Entonces te percataste de su presencia, de pie frente a la única ventana que aún conservaba su vista al exterior.Aquella criatura había descorrido la pesada cortina color avellana,y observaba aquellos árboles azotados por la lluvia que ya arreciaba.
            Mantenía sus delgadísimos dedos enredados a la cortina, te pareció que toda aquella fragilidad temblaba, incluso su vestido floreado llevaba el mismo ritmo que el resto de su cuerpo. Sus rizos dorados permanecían empapados, te pareció evidente que había buscado refugio en tu casona; la noche se anunciaba tan larga y húmeda.
            Te acercarse a ella aturdido, en un vano intento por recordar la última vez que te habías topado con un intruso. Nada. No existía una última ni una primera. Entonces la joven ladeando su cabeza te dirigió, lo que supusiste fue, una mirada eterna.
            -Estoy helándome, quiere alcanzarme una frazada para secarme – te dijo la joven tras cerrar la cortina. Sus ojos violáceos escrutaron tu inexpresivo rostro. La detestaste entonces.
            -No recuerdo tener ninguna, nunca la he necesitado – respondiste mal encarado.
            -No sea usted descortés, no imagina cuanto tiempo he pasado bajo la lluvia, afortunadamente encontré su casa – anduvo la joven de puntitas hasta rozar el sillón para tomar asiento -. Preferí no llamar a la puerta para no importunar su descanso.
            -Tengo que alimentar al gato – murmuraste y te metiste a la cocina a grandes zancadas. Odiaste la expresión insolente de la joven, su carente miedo hacia tu persona.
            La escuchaste subir las escaleras que conducen a las habitaciones principales, sus zapatillas recorrieron el largo pasillo en un par de ocasiones, las puertas se abrieron y cerraron repetidas veces. Incluso identificaste el sonido que produce la llave, al entrar en la cerradura del ropero.
            -¿Y cómo dice que se llama? – te preguntó alargando su mano para acariciar a tu gato. Habrías jurado que aún escuchabas sus zapatillas bajando los escalones.
            La miraste consternado, había envuelto su esbelto cuerpo en una frazada descolorida. Tuviste una visión sobre tu madre, recostada en su cama, en  aquellos interminables días de agonía, envuelta en esa misma frazada.
            -No me agradan las visitas y aún menos cuando nadie aquí las ha invitado… ¡Lárgate! – gritaste mostrando tus colmillos crecientes. Gritaste en un absoluto estado de confusión, aunque claro no quieras aceptarlo.
            -Sofía, mucho gusto, le parece bien si le llamo Señor Vampiro, para que vea usted que le tengo respeto – te sonrió y, se desvaneció tras cruzar la puerta de la cocina.

            Continúo una pesada lluvia el resto de aquel mes, sus amaneceres fueron fríos porque estuvo granizando; pero tú ni te percataste de aquel inclemente clima, metido como te mantienes en tu ataúd. De vez en cuando el gato interrumpía tu descanso. Sólo lo alimentabas cuando no lograbas ignorarlo.
Te quedaste sin libros para acompañar tus soledades y te viste obligado a bajar al pueblo. Aquella noche no tenías apetito; pero no quisiste despreciar a ese vagabundo, que se había quedado dormido en una banca, a medio tapar por una roída manta. Reconociste que tenía un excelente sabor.
            Para cuando regresaste a la casona, la encontraste toda iluminada; las velas estabas encendidas en diversos puntos, bailoteando al compas de las piernas de Sofía. Un viejo vals retumbaba contra las paredes y los cuadros, chocaba en las ventanas y rebotaba en los labios de la joven; quien tarareaba una canción con sus brazos al viento. Te detuviste petrificado a penas cruzaste el umbral, la observaste danzar con el gato contra su pecho. Callaste porque desconocías las palabras adecuadas para ahuyentarla de tu morada. Preferiste ignorarla y bajaste directo al sótano, amontonaste tus recién adquiridos libros en un rincón, para ser leídos en otra circunstancia menos ruidosa.
            -Ya he leído este libro – oíste decir a Sofía tan cerca de tu ataúd, que te asalto un estremecimiento; pero aquel baile aún recorría los pasillos superiores. Podías sentir sus zapatillas danzar sobre tu propia piel.
            -¿Cuándo te irás? – preguntaste en un susurró y cerraste de un golpe la tapa del ataúd.
            -No debería ser tan egoísta Señor Vampiro, usted habita este sótano y el resto de la casa esta demasiado vacía, le vendría bien una presencia femenina, y aún no ha cesado la lluvia. Odio la lluvia, arruina mi cabello, arruina mi vestido.Odio la lluvia ensanchando el cause de los ríos, desbordándolos. La odio y esta casa es tan cálida – Te contestó Sofía recargada sobre el ataúd. Tu gato comenzó a maullar al pie de la escalera – Adoro a ese gato, es una lindura.
            -¡Cállate! – gritaste al tiempo que abrías de nuevo tu ataúd. El gato maullaba al pie de la escalera, maullaba con aquel lastimero quejido que denotaba un hambre voraz. La presencia de Sofía ya se había escurrido.

            Aún no se cumplía el ciclo lunar, sin embargo estabas tan sediento que bajaste hasta el pueblo aquella primera noche, asesinaste a dos borrachos y a una joven pareja de amantes. Para cuando te metiste en el ataúd no había disminuido la sed, una endemoniada necesidad de más y más sangre te mantenía al límite de tus propios instintos. Te descubriste matando a cuatro o cinco cada noche de aquella semana, los arrojaste al barranco, observaste sus cuerpos vacíos despedazarse contra las rocas. Sonriente regresaste, pero la sed continuaba aumentando.
            Despertaste cuando la tormenta estaba en su punto más álgido. La ansiedad de beber sangre te impulso escaleras arriba, en tu trayecto te topaste con el gato acurrucado junto a una lámpara en desuso. Le sonreíste, pero fue más una mueca de amargura que otra cosa.  Estiraste tu mano para acariciar su lomo carbón apagado, entonces percibiste los dedos de Sofía rozar tu cuello.
            -Aléjate – quisiste decirle, pero aquella palabra se quedo estancada en tu mente - La tormenta… ¿Le temes a la tormenta? – preguntaste casi sin darte cuenta de ello.
            -El rió se salió de su cause, llovió tanto que el río creció y creció y llovió tanto más que crecióhasta llevarse casas enteras. El río se salió de su cause y yo no sabía nadar… Papá prometió enseñarme a nadar cuando llegará el verano, pero llovió tanto antes del verano… No sabía nadar y el río me arrastro y…y… - Sofía no te sostuvo la mirada y sus ojos violáceos fueron una aguada.

            -Deberías secarte, mírate ese vestido – dijiste extendiendo la mano a lo intangible – Vamos, me parece que tengo guardada otra frazada. 

jueves, 15 de mayo de 2014

Escrito por Nicte G Yuen en , | 8:08 p. m. Sin comentarios


   
El Periodismo en Cajita Feliz



Pocos ciudadanos son los que aún guardan unos pesos para ir al puesto de periódicos a comprar el ejemplar de su elección, y aún más escasos, quienes leen a conciencia los artículos que dicho periódico ofrece al público. Si hablamos de causas por las cuales los porcentajes en los últimos diez años han venido en descenso, tendríamos que hablar de acciones y reacciones en torno al Periodismo, el menos en nuestro país. Y es que, pese a que existe libertad de expresión en México, también contamos con un alto índice de violencia contra los periodistas, principalmente en los Estados más conflictivos de la República: Michoacán, Guerrero, Chiapas o Tamaulipas, por citar algunos.  Víctimas de agresiones, desapariciones e incluso asesinatos, la anteriormente nombrada Libertad de Expresión, comienza a diluirse en la conciencia de muchos. “Poner el dedo en la llaga”, como coloquialmente se dice, necesita pensarse más de dos veces, porque esto podría significar el último reportaje hecho; y es que sacar a la luz pública información que afecta los interés de nuestros funcionarios públicos, o del crimen organizado, hoy es sinónimo de violencia contra el periodista, quien está viendo violentados sus derechos.

Cierto es que en la actualidad, trasmitir la información, se ha vuelto mucho más fácil  que en tiempos pasados; puesto que las redes sociales (facebook, instagram y twitter) proveen al ávido leer de la noticia de manera instantánea, todo al alcance de un dedo en movimiento; también es verdad que la corrupción, el amarillismo y la falta de ética profesional, pululan en el ambiente. El periodista está en medio de una lucha por el poder, el dinero y las posiciones políticas, arrojando resultados alarmantes que nos hablan de una nula objetividad en los diferentes Medios de Comunicación.  Justo ahora, ya entrados en el 2014, la labor del Periodismo, a través de la cual proporcionamos la información de manera objetiva y eficaz, con el fin de trasmitir los hechos ocurridos en el acontecer diario de la sociedad, parece claramente olvidada por muchos. Cada quien dice solo aquello que le conviene decir, un pedazo de la verdad, ya maquillado y vuelto a maquillar.  Los periódicos en el país publican aquello que el gobierno les dice.


Otro aspecto que  ha surgido con la agónica situación en que se encuentra estancado el Periodismo impreso, es el hecho de la falta de trabajo para los periodistas, quienes se han visto forzados a dejar sus trabajos para dedicarse a ser investigadores o profesores. La mayoría de los periódicos cuentan ya con dos tipos de edición, su versión en línea y la impresa; aunque con las bajas ventas, la única edición terminará siendo la virtual. Estos portales informativos, me recuerdan mucho a estas cadenas internacionales de comida rápida, quienes satisfacen las necesidades de sus clientes de manera instantánea, económica y sin valor nutricional, y lo mejor es que los comensales parecen salir satisfechos.  El caso con muchos periodistas, quienes escriben sus artículos  light, radica en el tipo de demanda que se gesta al interior de la sociedad mexicana: rápido, barato y sencillo. Noticias express para saciar el hambre del mexicano, que dicho sea de paso, ocupa los últimos lugares en la cantidad de  libros leídos por año, con tan solo dos.





   

martes, 6 de mayo de 2014

Escrito por Nicte G Yuen en , , , | 3:07 p. m. Sin comentarios
AQUÍ LES DEJÓ ESTA ENTREVISTA QUE ESCRIBÍ COMO PARTE DE UN TRABAJO PARA MI CLASE DE PERIODISMO, DONDE EL PROFESOR NOS DEJÓ QUE PENSÁRAMOS EN UN PERSONAJE, VIVO O MUERTO, A QUIEN NOS HUBIERA GUSTADO ENTREVISTAR. ESPERO QUE LA DISFRUTEN.

CHARLANDO CON...


Yo no quería para nada hacer una batería donde suenen los bombos como castañuelas, ni que el cantante esté  procesado todo el rato, que no sabes si es verdad o un robot”
Leo Jiménez

cantante de heavy metal español, integrante de agrupaciones como Saratoga,  Stravaganzza y 037, actualmente lanzó su tercer disco en solitario.

¿En qué momento de tu vida sentiste que  la música es lo tuyo?
Básicamente desde los 14 años lo vi muy claro, empecé a cantar con 3 añitos aproximadamente y ya con 17 estaba a tope con ello, empecé a estudiar y ya a los 20 años me dedicaba de manera profesional, desde muy pequeño lo tenía claro.

¿Cómo ha sido tu carrera musical desde tus comienzos Leo?
Lo que yo veo que los chavales jóvenes vienen muy preparados, mucho más de lo que estábamos nosotros en aquella época. Ahora  mismo hay gente que controla mucho, mucho. A mi propio nivel, creo que he ganado con respecto a madurez, tengo claro dónde quiero llegar, cómo quiero hacerlo, con quién. A la hora de cantar pues también se nota, es lo mismo. Sinceramente, creo que ahora cualquiera que hable de Leo Jiménez te va a decir que tiene un sello de identidad propio. Para mí, Sentimientos de Stravaganzza, Agotaras de Saratoga o Animal Solitario, son un punto de inflexión. Para el futuro, con este último álbum, la gente sí va a ver claramente quien es este tipo que hace Heavy Metal.

¿Qué ha supuesto para Leo Jiménez firmar con Warner Music?
Simplemente la distribución es años luz mejor. Cuando juegas en un equipo grande pues te ves grande. No puedes pretender que la gente te vea como una banda grande y luego no tener discográfica e ir por libre, y tener que hacerlo todo sólo. A veces es posible y otras veces no. Warner Music nos ha apoyado bastante, teniendo en cuenta que no es una compañía que se mueva sólo con metal, es más, metal no tiene demasiado. Últimamente está cogiendo más bandas de metal y eso es para quitarse el sombrero. Eso quiere decir que el metal está funcionando y ha funcionado siempre, y otra que nosotros valemos.

Este año estás estrenando tu tercera producción titulada Animal Solitario. ¿Qué nos trae este nuevo proyecto en solitario de Leo Jiménez?
Este disco lo he producido yo totalmente en todos los aspectos, tenía claro cuando empecé la producción de este disco que quería que fuera un disco muy natural, muy orgánico. Y ahora que ya está a la venta me siento muy satisfecho con los resultados.

¿Cómo ha sido la gira por Latinoamérica?
Ha sido larga, muy intensa, positiva, ver que la gente en otro continente te estima, y ya te está esperando, es tremendo. Imagínate, acabamos de llegar de Colombia y nunca antes habíamos tocado ahí, fue impresionante.

A propósito del próximo concierto que vas a dar aquí en Guadalajara el sábado 08 de febrero ¿Qué sorpresas nos podemos encontrar en un concierto de Leo Jiménez?
Sobre todo un repaso de mi trayectoria, con todos los temas que he compuesto en las bandas donde he estado; temas de los tres discos en solitario, algo de Saratoga, que se de gente que lo está deseando, y a nosotros personalmente nos apetece hacer algún tema de Stravaganzza, que creó a la gente también le gustará. Van a ser conciertos muy entretenidos, tocamos todos los estilos, lo pasaremos bien, son casi dos horas de metal.

Pues ahí lo tienen, seguro van a disfrutar el próximo concierto que dará Leo Jiménez aquí en tierras tapatías. ¿Cómo ha sido el proceso de grabación de Animal Solitario?
Hemos grabado en la Casa de la Música Estudio de Fuenlabrada, ya que vivimos todos muy cerca. También tenemos la suerte de poder tener otro estudio cercano, el de nuestro buen amigo Santi. Eso nos proporciona la posibilidad de grabar a nuestro gusto, de no tener que ir con cuentagotas contando los minutos. Si en un momento dado a Carlos no le gusta como suena la caja, no vamos contrarreloj, se puede tirar su tiempo buscando su parche o buscando otra caja distinta. Hacer lo que nos da la gana. La producción ha corrido a cargo mío. Sobre todo como productor tengo muy en cuenta lo que el músico quiere expresar.  

A la hora de elegir los temas del álbum, ¿estaban escritas recientemente o en el baúl de los recuerdos?
Hay un poco de todo, la mayoría están hechas a propósito para el disco, es decir, a raíz de componer ciertos temas nuevos y ocurrir ciertos acontecimientos. Hay bastante canciones que tienen que ver con ello, pero no todas, no todo el disco está compuesto en el mismo momento, yo compongo durante todo el año y hay temas como Corazón Salvaje, que tienen 15 años, la escribí antes de entrar  a Saratoga.

En cuanto a la portada del álbum, te vemos a ti con una parte animal y otra parte más humana. ¿Qué buscabas con mezclar ambas partes?

Pues muchísimas cosas a nivel personal, pero a nivel de grupo, creo que coincido con todos, en que últimamente en el metal se hacen las cosas muy sintéticas, muy frías. Por ejemplo con la batería nunca sabes si hay alguien tocando detrás o es una caja de ritmo, porque están tan sumamente retocadas que yo no oigo en ningún momento al humano. Y en el caso de las guitarras, hay incluso grupos como Linkin Park que están muy bien, graban acorde tras acorde, de decir nota a nota, pero eso es muy frío. Yo no concibo grabar un riff y hacer todas las notas por separado, creo que eso ha perdido todo su rollo, y a veces es preferible que suene más sucio pero que tenga vida, y en el caso de la voz no te quiero ni contar. Ahora la mayoría de los cantantes llevan varios procesadores de audio como el Melodyne y una serie de cosas más, que aunque no afines, el cacharro te lo afina. Eso ya me parece el colmo, porque vas al local de ensayo y ves a un grupo que es una castaña, y oyes el disco y es una producción de la ostia, nosotros no queremos eso.  Nosotros lo que queremos trasmitir con Animal Solitario sobre todo es esa parte salvaje, parece una producción de los años 80´s o principios de los 90´s, no suena especialmente nítido pero todo se define. Yo no quería para nada hacer una batería donde suenen los bombos como castañuelas, ni que el cantante esté  procesado todo el rato, que no sabes si es verdad o un robot. Eso es Animal Solitario música de verdad.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Escrito por Nicte G Yuen en , , , | 6:34 p. m. Sin comentarios

Una técnica narrativa, un cuento

En está ocasión quiero presentarles un cuento que escribí basándome en una técnica narrativa, la cual consiste en narrar una historia de atrás hacia adelante, o sea, en sentido inverso; el primer párrafo que se escribe es el propio final de la historia, y el último párrafo es el inició de la misma. En mi opinión es algo complicado llevarla a la práctica, y cuando tuve que escribir un cuento basándome en ella, le sufrí para narrarlo porque no quería que resultara confuso, y que el lector no comprendiera ni disfrutara la historia. Un magnífico ejemplo de dicha técnica narrativa es el cuento Viaje a la semilla de Alejo Carpentier, si ustedes ya lo leyeron o lo van a leer, podrán darse cuenta que todo va en retroceso. Y sin más los dejo con mi cuento, espero les guste.



Réquiem para olvidarte
Fue un adiós cobijado por los acordes del piano, el mismo que parecía soltarte algunas notas  burlonas, desde la esquina donde habitaba. Te detuviste junto a la puerta, sin atreverte a despegar tu mirada de sus dedos, danzando sobre las teclas blanquinegras.  Aquella melodía provocaba en ti, unas violentas ganas de soltar el llanto en su presencia.  Podías escuchar su respiración,  serena, sosegada; como si no acabara de pedirte que te marcharás de su vida, claro con un intenso beso como preludio, un beso que inició en tus labios y terminó al fondo de tu blusa platinada. Le sonreíste, pero él, inmerso en  el culmen de aquellas notas, ni siquiera lo notó. Entonces te percibiste a ti misma como un fantasma, anclada como estabas entre esas cuatro paredes, la ventana que daba a las escaleras de caracol,  y el piano en la esquina derecha de su recámara.  Tu sonrisa se convirtió en  oleaje salado reventando contra los acantilados, cuando bolso en mano, cerraste tras de ti aquella puerta.
Olvidaste cerrar la puerta tras de ti, porque sus besos te sorprendieron llave en mano; y tú, acalorada como estabas, hundiste los dedos en el castaño de sus cabellos, robando caricias entre un beso y otro.  Caminaste en un caritativo desprendimiento de prendas, esquivando las sillas del comedor, los sofás, el restirador sin uso, la estufa, las macetas con flores disecadas del corredor, las ventanas abiertas desprovistas de cortinas. Caminaste así, hasta caer contra la cama, cubierta exclusivamente de caricias y besos. Olvidaste cerrar la puerta, pero él lo recordó a mitad de un suspiro tuyo, y descalzo como estaba, fue a cerrar como Dios manda, para que ningún vecino apareciera cuando nadie lo requería. Lo recibiste todavía con aquel suspiro en la comisura de tus labios desteñidos, sonriente en la oscuridad de su recámara, sonriente en la melodía que emanaba de su voz.
Su voz te tranquilizó el alma, apenas abrió el portón y soltó tu nombre en repetidas ocasiones. Borraste de tu memoria la semana que ocupaste  extrañándolo, entre  recorridos al trabajo, preparación de meriendas y desvelos inevitables. Sentiste que apenas un minuto antes, lo habías visto despedirse y tomar el autobús. Recorriste con tus ojos aquel rostro, ya no te cupo duda, estabas segura que el espacio entre el último beso y el reciente era tan angosto. Brevedad. Sacaste del fondo de tu bolso una cajita con palanquetas y alegrías, misma que depositaste en sus manos. Él, deseoso como estaba por llenarse de tu presencia, te sentó sobre sí y se entretuvo dándote trocitos de aquellos dulces. Para la caída de la tarde, ambos dormían entrecruzados sobre el sofá, sus sueños estaban inundados de la presencia del otro.
Otro paseo bajo los robles del parque, con las nubes vociferando tormenta, las manos de ambos aferradas, charlas inconclusas porque de pronto surgían nuevas conversaciones. Besos tímidos sobre la banca pintada de rojo, expresiones recién nacidas  en tu rostro, en su rostro. Esa necesidad por susurrarle “te quiero”, “te amo” “te adoro”. Una necesidad que él alimentaba con las melodías que le arrancaba a su piano, largas sesiones donde tú eras la musa que movía sus dedos sobre las teclas. La musa a la cual le había pedido que fuera su novia.  No concibo mis días sin ti, nena , debes estar cansada de dar vueltas en mi cabeza, de iluminarme con esa hermosura que te pintas, ¿quisieras ser mi novia?.  Sus palabras te habían dejado tan asombrada, que al menos el primer minuto o los primeros,  no sabías si responder con un simple si quiero, o pasar a darle un beso y lazarte a un prolongado abrazo; que viniera a recompensarte todas las madrugadas, con esa incertidumbre de ser o no ser correspondida. Para cuando llegó el primero beso, también sentiste que te estabas consumiendo en vida.
La vida te lo presentó,  cuando llegaste temprano a ese curso que no estabas muy segura de querer tomar;  del cual no pudiste arrepentirte porque fueron llegando los compañeros y la maestra. Taconeabas insistente, porque la ansiedad devoraba tu paciencia; escribiendo,  borrando y volviendo a escribir sobre tu cuaderno de espiral. Tan ansiosa estabas, que aquella primera hora de clases ni lo notaste, observando por encima del hombro. Luego una duda llevó a otra, el intercambio de nombres y apellidos, el correo, los números telefónicos, las miradas, especialmente esas miradas cazadoras de suspiros, de sonrisas. Te subiste al camión, la noche caía pesadamente sobre ambos, los asientos se te antojaron enormes, porque deseabas tanto pegarte a su hombro, a su mejilla, a sus ojos, los mismos que recorrían tu silueta charlándole. Un instante, la parada donde debías bajar estaba ahí en la siguiente esquina; dejaste el asiento y le echaste una última mirada, lamentando el tiempo repleto de su ausencia.
Tu ausencia la notaron todos aquel viernes,  tu cubículo quedo vacío, excepto claro, por esas pertenencias que olvidaste llevarte de contrabando el día anterior. No regresarías al trabajo, el hastió estaba asesinando hasta tu última sonrisa. Jamás había sido aquella tu vocación, pasar las horas detrás de un escritorio, la monotonía instalada a tu lado, burlona, siempre burlona  de lo que hacías pero detestabas hacer. Leíste ese anuncio en el periódico, una docena de veces en el pasar de aquel jueves. Querías tomar ese curso, agarrar las riendas de tu vida y hacerlo por puro gusto, no porque te dejara una buena remuneración económica,  simple placer. Sin embargo, la indecisión te carcomía, por eso lo releíste tantas veces. Y te dejaste llevar por tu instinto, a ciegas, sin oponer resistencia.


martes, 4 de febrero de 2014

Escrito por axlmar en , , , , | 11:42 p. m. Sin comentarios


Como parte de una actividad en SOGEM, tuvimos que escribir entrevistas ficticias, así que aquí les comparto la mía. Espero que la disfruten.

"He cometido muchos errores”
Entrevista con Scarlett O’Hara
Scarlett O’Hara
A sus treinta años, cuenta con tres matrimonios, el primero con Charles Hamilton, el segundo con Frank Kennedy, ambos fallecidos, y el tercero con Rhett Butler, de quien está divorciada, de sus tres hijos aún le sobreviven dos: Charles y Ella. Con ascendencia francesa e irlandesa, fue criada en el Sur de los Estados Unidos, a quien le ha tocado vivir muchos cambios políticos. Sobreviviente de la guerra de Secesión. Después de haber estado viviendo en Atlanta, actualmente reside en Tara, una plantación cerca de Jonesboro, dentro del Estado de Georgia.

¿Cómo te describirías a ti misma?
S. Soy una mujer de carácter fuerte, con quien muchos hombres se sienten intimados.
¿Crees que podría ser distinto si no te hubiera tocado vivir una guerra?
S. Probablemente seguiría intimidando a la gente, aunque tal vez tendría un carácter un poco más suave.
¿Qué opinas sobre lo que dice la gente, que no eres una persona inteligente ya que has cometido muchos errores?
S. Nunca me he considerado a mí misma como alguien muy inteligente, y he cometido muchos errores, porque eso es lo que hacer a gente aprender, así que simplemente soy una persona que ha acumulado mucha experiencia.
¿Podrías entonces considerarte una persona sabía?
S. No, jamás… tal vez algunos quieran ver la experiencia como sabiduría, pero detrás de la experiencia vienen cosas tristes y dolorosas, mientras que una persona sabía, habría evitado tanto dolor y tristeza.
Y tus hijos, ¿cómo te ven?
S. Wade se ha vuelto un poco más independiente, pero sigue ansiando estar cerca de mí, Ella, sigue igual de asustadiza y retraída.
¿Por qué cuando hablas de tus hijos no lo haces como otras madres?
S. Supongo que porque veo en ellos lo contrario a lo que yo soy, veo a Wade todavía como alguien cobarde y a Ella la veo poco agraciada. No soy como otras madres que están cegadas y que ven todo por ese cristal llamado amor.
¿Quieres decir que no amas a tus hijos?
S. Podría decirse que no los amo ciegamente, ya que no fueron fruto de matrimonios de amor, y tal vez es lo que me diferencia de otras mujeres, cuando sus hijos nacieron en medio de una relación de amor, se cegaran en lo referente a ellos y obviaran  sus defectos.
¿Es lo que te sucedió con Ashley Wilkes?
S. Podría decirse que sí. Estaba cegada con él, no vi sus defectos porque estaba enamorada, lo que fue realmente malo.
¿Quieres decir que lo lamentas?
S. Claro, fui como aquel que se pierde en un desierto y anhela un oasis tanto que ve espejismos, entonces invierte todas sus energías y tiempo persiguiendo algo que no existe, amar algo falso es una pérdida de tiempo y esfuerzo.
¿Crees que si Charles no hubiera fallecido en la guerra, algo habría cambiado?
S. No lo creo, lo habría hecho miserable, aunque era una persona tan leal que lo más probable es que hubiera vivido tratando de hacerme feliz.
¿Eso no hubiera sido suficiente para que te enamoraras de él?
S. Tal vez sí, pero lo habría negado, si hubiera muerto antes que mí, en ese momento me habría dado cuenta y entonces hubiera sido lamentable.
¿Lo dices por qué eso fue lo que sucedió con su hermana Melanie?
S. En parte, siempre pensé que la ayudaba por obligación, jamás pensé que lo hacía porque la quería, ya que ella era el ejemplo del tipo de mujer que yo admiraba y jamás podría llegar a ser.
¿Dices que Melanie era el tipo de mujer que fue tu madre?
S. Sí, toda mi vida he admirado como fue mi madre, una mujer decidida y justa, que no dejaba de ser dulce y cariñosa, alguien a quien todos admiraran y buscaran consejo. Melanie era así y creo que por lo mismo a veces la rechazaba, porque ella era todo lo que yo no podía ser.
¿Lamentas su muerte?
S. Claro, si ella aún viviera me ayudaría en todo lo que pudiera.
¿A qué te refieres?
S. Ella era alguien a quien Rhett admiraba y escuchaba, me habría ayudado a que él regresara a mí.
¿Crees que algún día él regresará contigo?
S. No estoy segura, tal vez suceda, pero la experiencia me ha mostrado que no existen los finales felices, y no estoy dispuesta a perseguir un espejismo una vez más.
¿Por eso volviste a Tara?
S. Sí, de todo lo que alguna vez amé, es lo único que queda en pie, por eso me aferré a ello.
¿Eso no ha representado algún problema con Suellen y Will?
S. No, Will no podrá estar de acuerdo con todo lo que hago, pero me admira, y Suellen no puede decir nada, ella mejor que nadie sabe de los sacrificios que he hecho por Tara, es mi casa más que de ella.
¿Algún día te volverás a casar?
S. No sabría decirlo, pero una mujer divorciada no es bien vista, pero una nunca sabe lo que puede traer el día de mañana…
¿Crees que aún te queda mucho más por vivir?
S. Espero en cierta manera, que lo que me resta de vida sea más tranquila, he vivido demasiadas cosas para una mujer de mi edad, y mientras aún tenga algo a que aferrarme seguiré luchando, como lo es luchar por Tara.

sábado, 25 de enero de 2014

Escrito por Nicte G Yuen en , | 6:42 p. m. Sin comentarios
Capítulo 20

“Esa platica”


-¿Estás seguro que duerme profundamente? – preguntó con esa voz rasposa tan característica de él – No quiero que nadie, mucho menos ella, escuché esta conversación.
-Por supuesto, su jugo de naranja incluía un somnífero, dormirá el resto del día, quizá también toda la noche, la dosis era alta.
-Perfecto, justo cómo la necesitamos – murmuró el hombre de cabello entrecano y voz rasposa, sentándose en el sillón de piel oscura. Sacó un cigarro del bolsillo de su pantalón y lo encendió con su carísimo zippo.
-¿Por ella precisamente? ¿Por qué mi querida Sofía?
-No me hagas preguntas cuya respuesta sabes de antemano – inquirió soltando el humo de su cigarrillo con filtro -. Lo supiste desde que tu hija nació, lo supiste incluso antes, solo que te negabas a la verdad.
-¡No es justo! ¡Tú sabes también como yo que nada de esto es justo!  ¿Cómo no voy a negarlo?
-¡Con un carajo no vine a tu casa para lloriqueos! – gritó escupiéndole el humo directo a los ojos. – Dime que no la has dejado asomar ni las narices por la ventana de su habitación… ¡Dímelo!
-Yo sé cumplir lo que prometo, he mantenido a Sofía encerrada en esta casa desde que la traje de vuelta… ¿Ya? No saldrá, sobre mi cadáver.
-¿Estás consciente que tu propia vida depende de esto? ¿Verdad, mi amigo? ¡Si ella escapa…!
-¡He dicho que no!
-¡Te mató si la dejas ir!
-¡Lo sé, maldita sea! ¡Sé que eres capaz de pegarme un tiro en la cabeza!
-¡Te lleno el cuerpo de agujeros con esta lindura!
-¡Sofía va a quedarse aquí hasta que tú me digas lo contrario!
-¡Y eso será dentro de mucho tiempo! No es conveniente que ella comience a atar cabos sueltos… - el humo del cigarro se extinguió en la boca del hombre, dejando un amargo sabor pegado a sus dientes. Instantes después buscó un nuevo cigarro en el mismo bolsillo de su pantalón. La pistola también estaba ahí. – Nunca debió ir hacia Tlacotalpan.


PARA TODOS USTEDES QUE LEEN "EL LIBRO ROJO" AQUÍ LES DEJO UN NUEVO CAPÍTULO DE NUESTRA NOVELETA, ESPERAMOS QUE LA ESTÉN  DISFRUTANDO.  RECUERDEN QUE SUS COMENTARIOS SIEMPRE SON BIENVENIDOS. 

sábado, 4 de enero de 2014

Escrito por axlmar en , | 2:24 a. m. Sin comentarios


Las alas de la libélula
Capítulo 18.Secretos



Estaba aterida, sentía que mis extremidades no me funcionaban de manera correcta, mis manos se aferraron al volante de la camioneta, no había encendido el motor, pero tenía que hacerlo, desaparecer de allí, lo más rápido que pudiera.

Encendí el vehículo y emprendí la huida, pero no sabía bien hacía donde ir, yo sólo conduje, sintiendo como el cabello empapado, la ropa llena de tierra y la sangre que aún sentía brotar de uno de mis brazos estaban pegados a mí como mis propios pensamientos, eran esos detalles los que me hacían saber que no había sido una pesadilla, que no era un mal producto de mi imaginación, que realmente alguien había tratado de asesinarme.

Conduje, lo hice sin fijarme, como si una máquina lo hiciera, autómata y sin más dudas… conduje queriendo liberarme de la mala experiencia de haber estado a punto de morir en medio de la nada, conduje maldiciendo el momento en que pensé que ir hasta ese pueblo era una buena idea, conduje queriendo sentir los brazos cálidos y seguros de mi padre, conduje porque no me quedaba otra cosa que hacer…

No noté que la gasolina se acababa, sólo hasta el momento en que la camioneta no quiso avanzar más, entonces fue que vi el tablero, el reloj marcaba las 6 de la tarde y una temperatura de 20 grados, y yo seguía entumida, con frío, pero ese tipo de frío que no se va con cobijas y suéteres, sino esa sensación interna, tenía frío en el alma.

Alcancé a orillarme y quedarme allí, aún aferrada al volante, queriendo llorar el dolor, eliminar lo helado de mi cuerpo con las lágrimas, pero sucedía algo dentro de mí que me impedía hacerlo. Entonces alguien tocó a la ventanilla, giré mi cabeza y me encontré con la cara de mi padre.

–¿Papá? –una voz ennegrecida y rasposa salió de mi garganta.
–¿Estás bien Sofía?

Las preguntas volaron a mi cabeza, ¿qué hacía mi padre aquí? Estaba a unos kilómetros de Guadalajara, ¿cómo era que me había encontrado?

–¿Qué sucedió? –mi padre sonaba realmente preocupado.

Yo, no podía despegarme del volante, él abrió la puerta del vehículo y me abrazó, entonces las lágrimas brotaron sin intención de calmarse

°°°

Desperté adolorida, en medio de sábanas blancas y perfumadas, el sol entraba alegremente por la ventana, entonces me percaté que estaba de vuelta en casa, ¿cómo había llegado allí? Lo último que recordaba era ir manejando y que la gasolina se agotó.

–¿Ya despertaste? –preguntó mi padre.
–¿Cómo llegué aquí?
–Te busqué como desesperado, creí lo peor…

No, no podía decirle que eso que él temía había estado a punto de suceder.

–Si no hubiera sido porque me hablaste, en ese momento habría iniciado una búsqueda para encontrarte. No vuelvas a irte sin avisar, no quiero pasar por esto de nuevo.

Asentí con la cabeza, no recordaba haberle hablado, miré mi teléfono en la mesilla de noche, lo tomé y vi que había hecho una llamada una hora antes de que mi padre me encontrara, no estaba consciente de haberle hablado, no tenía sentido para mí.

–¿Qué sucedió Sofía? ¿Por qué estás lastimada?

Quería responderle la verdad a mi padre, pero algo dentro de mí me dijo que no lo hiciera.

–Me perdí en el camino a Mazamitla, creo que tomé una desviación equivocada, me bajé en medio del bosque y me caí entre las piedras.
–¿Y tus amigos?
–Se fueron en otro carro, yo no estaba segura de que iría así que yo iba sola… y el teléfono no tenía recepción.

Mi padre me miró fijamente, no estaba segura de que me hubiera creído. Ambos nos quedamos callados unos minutos, después mi mente se detuvo en aquel pueblo donde había estado, la pregunta salió casi instintivamente de mi boca.

–¿Papá, conoces Tlacocotlpan?

La cara de mi padre me devolvió incredulidad y asombro a la vez.

–¿El pueblo donde creció tu madre? –respondió con otra interrogante.
–Sí, ese lugar.
–Sólo estuve allí una vez –mencionó –no es un lugar agradable para visitar…

En su voz podía notar que guardaba algo, como ese algo que yo también había guardado, podía decir que llevaba en mis venas esa nota intrínseca para decir mentiras… para guardar secretos.

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