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domingo, 27 de octubre de 2013



Las alas de la libélula
Capítulo 10.Viaje



Iba a camino a Tlacocotlpan, mientras manejaba por la carretera cubierta de un verde húmedo, pensaba en que había sido muy oportuno el viaje de mis “amigos” a Mazamitla, ellos me habían invitado, pero yo había declinado la tan efusiva invitación, ellos me pedían muchas veces que los acompañara, lo hacían, a veces con demasiada insistencia. 

“Es que si vas con nosotros, todo nos irá bien”… me decían, como si con decirme eso pudieran convencerme mucho más fácil, lo que no sabían es que eso era contraproducente, ya que tenía un efecto desagradable para mí.

Lo Odiaba, odiaba eso, odiaba ese continúo acercamiento hacia mi persona. ¿Por qué se me acercaban? ¿acaso era porque todo salía bien? ¿acaso era yo algún tipo de amuleto de la suerte? A diferencia de lo que los demás podrían pensar, yo creía que no era así, ¿de qué otra manera podía explicarme el estar sola y nunca haber tan siquiera recibido un beso? Así sucedía, las mujeres se me acercaban, muchas con un objetivo en específico, Sí… todas parecía obtener novios estando cerca de mí, pero yo… yo siempre había permanecido sola. Y tanta cercanía de parte de todas ellas me hacía sentirme un poco usada. Los hombres… ellos me buscaban para también obtener novias, o porque decían que estando cerca de mí conseguían mejores calificaciones, mejores empleos, mejores tratos con sus padres. Pero ninguno de ellos parecía tener intención romántica conmigo. Eso lo odiaba aún más… en parte porque me hacía pensar en cuantos de todos esos que me seguían tenía esa misma sensación. Cuando eso pasaba, casi podía imaginar a mis “amigas” diciendo “inviten a Sofía, así todo saldrá bien” o un “hay que hacerse amiga a Sofía, si lo haces la fortuna te favorecerá” ¡Rayos!, eso sonaba a infomercial de medianoche, como si yo fuera algún tipo de producto para comprar.

Suspiré, tal vez no era sólo los “amigos”, los vecinos y demás personas que se acercaban a mi padre, que por cierto en los últimos años habían ido en crescendo, yo no quería creer así, pero lo más seguro es que pensaran de la misma manera. Era raro, no que no me hubiera dado cuenta nunca antes de esa situación, pero ahora hacía mella en mí, a pesar de tener tantos “amigos”, me sentía sola, tan sola como alguien en medio de una multitud podía sentirse. Y en ese momento en que necesitaba de alguna mano amiga, de alguien que me auxiliara, la soledad había quedado palpable, esa gente quería sacar algo de mí y yo no podía sacar ni siquiera simpatía, toda la situación era triste, era desolador… esa era mi vida.

Por eso no me había sentido culpable al ponerlos como coartada delante de mi padre, y había tomado todas las precauciones para que mi padre no sospechara. Fui lo suficientemente cuidadosa para no dejar huellas en el sótano. Sólo en caso de que a él se le ocurriera revisar por allí, sabía que él no bajaba allí por obvias razones, la sola memoria de mi madre parecía pesar más que una roca sobre su cabeza, prefería escuchar las palabras de la abuela, y mantener las falsas sonrisas con los vecinos que afrontar esa realidad que él suponía yo desconocía.

Tal vez por mucho tiempo logró mantenerme con mentiras, con esa verdad a medias, con ese eufemismo de realidad, para que yo mantuviera un recuerdo falso, un origen digno de una chica perseguida como faro en medio de una noche tormentosa, de alguien que era “la representación viva de la buena fortuna”, a alguien que más bien era merecedora de la más profunda conmiseración.

Manejaba, envuelta en todos esos pensamientos, por esa carretera repleta de curvas, de giros y ese bosque que parecía meterse por los ojos para no querer salir más. Rogando a mis adentros no haber perdido el camino que me llevaría a aquel pueblo, a aquel lugar en el que estaba registrada las placas de la camioneta que había pegado y escapado. De esa camioneta a nombre de ella, de la que por nombre era mi madre. Llevaba ese pensamiento arrastrando a lo largo del camino “tal vez ella estaba viva”, todo podía esperar, tantas mentiras, tantas verdades a medias, tantos secretos…

Conduje, diez kilómetros más en medio de la espesura verde que cubría en forma de arco la única vía que llevaba a ese pueblo, que parecía tan alejado como la presencia de mi madre en mi vida.

Según mi GPS ya estaba dentro del pueblo, lo cual era estúpido, ya que no había ningún pueblo allí, sólo la carretera que seguía y seguía. Me detuve un momento a la orilla, a unos centímetros del barranco que se extendía en vertical por más de un kilómetro. Miré mi teléfono celular, la señal se había extraviado, comprendí que el navegador no funcionara tampoco, en aquel barranco cerca de la cima de aquella montaña parecía no llegaba servicio satelital o de ningún otro. Pensé varios segundos si continuar por el camino que ya había tomado o en si regresarme.

Delante de mí tenía la incertidumbre, pero quizá si era ese amuleto de buena suerte que todos clamaba lograría encontrarme con la realidad, atrás sólo quedaba ese saco lleno de mentiras, de falsedades, suspiré, la decisión era fácil, pero aun así ese temor me trepo por las piernas y se instaló cerca de mi corazón haciéndolo palpitar más aprisa de lo normal. Subí de nuevo a la camioneta, pensando en los pasos a seguir una vez que entrara al pueblo.

Iba tan ensimismada en mis pensamientos que no vi ese bache a mitad del camino, un golpe una pequeña explosión que enseguida asocié con una de las llanta, un rechinido del freno y el resto de las llantas, la visión de la barranca delante de mí, el cinturón de seguridad comprimiéndome contra el asiento, y mis manos aferrándose al volante. Algo menos de un segundo pasó, sintiendo esa parálisis en mi cuerpo lo que me hizo pensar que quizá jamás llegaría a mi destino

domingo, 22 de septiembre de 2013

Noviembre




















No me gustan los días de noviembre, todo pasa lento y oscuro, todos me recuerdan un vacío de muchos años, de toda una vida, de un dolor que no tiene lógica, de un amor que no tiene cuerpo. En un día de este mes mi mamá murió, nunca la conocí, no recuerdo nada de ella, nada, sólo la promesa de todos de que somos idénticas, de que nuestros ojos son iguales, y de que nuestro cabello se ondea con viento de la misma forma. Noviembre es esa eterna comparación con ella, con el mito de una mamá que no quiso estar conmigo.

El rito de mi padre al ir al panteón, es lo que menos me gusta de todos los ritos, no me gusta la procesión de personas que nos acompañan como si de verdad nos apoyaran, como si de verdad hubieran conocido a esa mujer, una que ni yo, ni mi papá sabemos quién es, odio que tanta gente esté allí, vestida de negro, llevando flores a un panteón devastado, porque así son los panteones, se caen en su propia putrefacción, no limpios, no llenos de paz como nos los pintan en las películas, odio que vayan de negro y recen, como si tuviera un día de muerta.

Había estado paranoica las últimas semanas, desde que descubrí las fotos en las que aparecía el sujeto que casi atropellaba, pero me había tranquilizado cuando mi papá me contó que era amigo del tío Paco, aun así no había bajado la guardia, no la bajé cuando lo vi entre la procesión que nos acompañaban al panteón, no me gustaba como me miraba, algo en él me decía que huyera.

Mi papá siempre daba un discurso sobre la mujer que fue su esposa… para ese momento yo ya me había apartado del resto entre las otras tumbas, no soportaba su voz diciendo cosas que no comprendía, que no conocí. Hacía frío, no llevaba nada para cubrirme, me había arrepentido de usar un vestido con escote en la espalda, el día parecía ser uno de esos… de los que sólo en noviembre hay.

Un dedo cálido me tocó la espalda, la recorrió por unos segundos antes de que yo me exaltara, pensé que iba a ser mi papá.

-Es un lindo tatuaje –mencionó una voz que ya conocía. Era el “hombre misterioso”.

-¿Tatuaje? –pregunté con el entrecejo fruncido, yo no tenía ningún tatuaje.

-Supongo que no es ningún tatuaje, quizá una marca de nacimiento.

-Supongo… -dije caminando nuevamente a la multitud, no me gustaba estar sola con él.

-¿Ves?, yo sabía que te conocía de algún lado –dijo tras mi espalda. No me giré- Tu mamá y yo somos del mismo pueblo…

-¿Pueblo? –le pregunté de frente, mi papá nunca supo de donde era Ana.

-Sí, Tlacocotlpan… está a unas cinco horas de aquí en un buen carro, es sierra en su mayoría.

-No lo sabía –comenté al momento que sentía un golpe en el estómago.

-“El lugar de las libélulas”, le llamamos así, es un lugar muy tradicional.

-¿Y qué haces fuera de ese pueblo? –pregunté despectiva, cada vez me gustaba menos.

-Negocios, además el pueblo está en decadencia, vine a buscar algo aquí…

-¿Y tú y mi mamá eran amigos?

-Crecimos juntos, fue una pena enterarme de su muerte.

-Igual y ya fue hace muchos años –dije y continué con mi camino. Los pies me pesaron. No sabía nada de mi mamá.

La tristeza que de seguro estaría creciendo en la cabeza de mi papá, también se apoderó de mí, ¿mi papá la conocería tanto como yo? ¿Quién era ese hombre? ¿por qué estaba allí? ¿Qué era todo eso de un tatuaje? Nuevamente quería escapar, quería ir a un lugar en el que no hubiera personas a las que sonreírles.

¿Quién era ese hombre?... y sobre todo ¿Quién era Ana? Algo me decía que en ese sótano, habría algo. ¿Quién era mi madre?

domingo, 25 de agosto de 2013

Capítulo 3

Muchos años antes a este día, mí papá me besó los ojos, me empujó más fuerte en el columpio y me dijo cuando el cabello voló acariciándome los oídos, que me parecía mucho a mi mamá.

-¿Y dónde está ella? –pregunté cuando descendía.
-En el cielo, te cuida Sofía –había dicho.
-¿Y va a venir algún día?
-Siempre que la necesites.

Cuando era pequeña no entendía esos aspectos, no entendía el esfuerzo de mi papá por mantener la casa con ruido, por dormir sentado en una silla velándome muchas noches, como si fuera a escapar. Lo entendí mucho después, cuando las conversaciones que no deben ser escuchadas me dieron las fichas del tablero, mi mamá se había ido de este mundo por voluntad propia, aún hay cosas que no entiendo, mi tablero siempre estará incompleto. Incapaz de compárame con la señora de las fotos que muchas veces me dio miedo, crecí algo torcida, nadie esperaba que lo hiciera derecha, nadie que lo hiciera cuerda, quizá la única que lo hacía, era yo.

-Te pareces a tu mamá –dijo mi papá esta mañana cuando me vio metida en el vestido nuevo que me regaló. ¿Era necesario recalcarlo cada vez que se me ocurría no alaciarme el cabello? ¿era necesario parecerme a ella? ¿se la recordaba en mis ojeras? ¿en mi forma de hablar? ¿en mi cabello que desacomodado?
-Gracias –había respondido con la cabeza clavada en el espejo, buscándome el defecto.
-¿Te veo a medio día?
-Sí, nos vemos en tu comida.
-No es mi comida, es una comida de aniversario.
-Lo sé, te veo más tarde.

Mi papá nunca se había vuelto a casar, Don Richard se hacía el fuerte, el invencible, quizá eso se lo envidiaba, que pudiera fingir estar bien, cuando estaba mal, y estar magnifico cuando estaba estable, y a mí, a mí se me notaba hasta que tenía una uña enterrada. Por eso había dejado de llevarme a las fiestas de su empresa, se me notaba en todos lados lo mucho que odiaba hacerla de su acompañante, que me presentara personas, que esas personas me dijeran que me parecía a Ana cuando yo no era ella.

Esta fiesta era diferente, había estado mucho tiempo pidiéndome que lo acompañara, era el aniversario veinte de su empresa, sabía que le entusiasmaba la mera idea de compartir esto conmigo. Hizo que me llevaran una invitación a la escuela, inclusive había escrito una carta para pedirme que aceptara acompañarlo, ¿cómo podía decirle que no? ¿cómo? ¿cuando la mayoría de los padres hubieran dicho, “vas y punto”? No me gustaban los vestidos, ni los tacones, ni los peinados, ni las fiestas, ni las respiraciones encerradas en un solo lugar, ni la música que tocaban allí, no me gustaba estrechar la mano y decir “un gusto en conocerlo señor nariz de pelota” y para ser más exactos, no me gustaba la gente mucho. Pero… él era mi padre, y sin duda alguna, él si me agradaba.

Tenía preparada una “sorpresa de relleno”, era lo que usaba para huir, le mandaba a hacer algo que sabía le encantaría, se lo dejaba en su bolsillo del pantalón, o en su portafolio dependiera el caso, y me escapaba.

Estacioné el carro en el centro comercial, comencé a sentir el tiempo encima cuando el tablero de la entrada marcó quince a las cuatro, después reí, parada frente a la tienda de relojes, “el tiempo es una forma absurda de medir las cosas que no tienen forma de medir…”.

-¿Si está listo? –pregunté dentro de la tienda.
-Nunca me retraso con un pedido –respondió el señor de cabellos blancos- Deja lo busco muchachita –dijo desapareciendo por una puerta.
Casi al instante otra persona entró a la tienda, no eran esas cosas que le interesan a alguien común, pero yo no era muy… normal, y el ruido de sus botas de cuero me comenzaron a perforar los oídos después del sexto paso.
-¿Puedo ayudarle en algo? –espeté a sabiendas que el dependiente tardaría un rato. Sus botas se detuvieron.
-¿Está don Claudio? –preguntó entornando los ojos.
-En un momento vuelve…
-¿Tú quién eres?
-Una amiga… -su vista se pegaba más a la mía, como queriendo encontrar algo en ella.
-Te pareces a alguien que conocí hace mucho tiempo –se excusó por la proximidad.
-Ya he escuchado esto antes… -mencioné sin muchos ánimos.
-Se llamaba Ana… -soltó con el ceño fruncido.
-No me suena.
-Sí, te estoy confundiendo, ella no tenía hijos.

Pasé saliva, ¿a qué iba todo eso?, lo cierto es que uno no se pone a contarle su árbol genealógico a desconocidos, ¿conocía a mi mamá? ¿de qué la conocía?

-Lo encontré –escuché la voz de don Claudio.
-Gracias, muchas gracias por hacerlo con tan poco tiempo –dije escondiendo lo extraña que me sentía.
-Vuelve pronto.

Cuando salí de la tienda apresuré el paso, escuché el sonido de las botas cerca de mí, seguí caminando hasta que llegué al carro.

Ya dentro de allí, me sentí más relajada, abrí la pequeña cajita roja, y saqué el reloj de bolsillo que había mandado a hacer para mi papá, tenía la leyenda escrita “el tiempo es una forma absurda de medir las cosas que no tienen forma de medir…”. Estaba bien hecho, en oro blanco, se abría al momento de activar el seguro, sabía que le encantaría. Encendí el carro y me dispuse a conducir hasta la fiesta antes de que mi papá me comenzara a llenar con sus llamadas. Era un buen padre, nunca había estado sola, nunca me faltó nada… todo estaba en su lugar con él, no se merecía comenzar solo su inauguración.

Metí el freno hasta dentro.

-¿Estás loco? –grité por la ventana. Un sujeto se me había cruzado por la calle.
-Lo siento –respondió el señor de las botas de cuero de la tienda.
-¿Estás bien?
-Estoy bien, una disculpa, es que me quedé mirándote un segundo, te pareces mucho a mi amiga.
-No la conozco –grité.


En ese momento subí el vidrio del carro, le eché el carro encima hasta que logré que se hiciera a un lado, y entonces si conduje, con el acelerador hasta el fondo, y el corazón palpitándome al mil. ¿Quién era ese tipo? 

sábado, 10 de agosto de 2013

Escrito por Danz en , , , | 6:45 p. m. Sin comentarios
Capítulo 2

"Despierta"



El reloj marcó las 4:00 horas. La carretera estaba llena de madrugada, de esa noche más oscura antes del amanecer. Las únicas pecas de luz que se mostraban en el paisaje, se encontraban en las farolas de la zona de descanso a la que el automóvil se acercaba, llenado de excitación a los fuegos fatuos que vivían entre la luz de las farolas.   

Julio apagó el motor, se demoró unos momentos en apagar las luces del automóvil. Antes de salir del auto se frotó la cara con ambas manos. El movimiento fue lento, con el peso de la decisión que estaba a punto de tomar. Los callos entre sus dedos escocieron su cara recién afeitada. Apretó por último su cuello, delicadamente al principio, después aumentando la presión. Podía evitar lo que se proponía hacer, con solo mantener la presión unos momentos más, todo terminaría. Apretó más su cuello, sintió sus venas hincharse, la sangre que se conglomeraba en su cabeza, la tensión en sus fosas nasales, la lengua expandida y la saliva que corría lentamente por un lado... se detuvo. Liberó la presión en su cuello y salió lentamente del auto. 

Se acercó a la barrera de contención y la cruzó de un salto. Miro la oscuridad de la garganta en la barranca y sintió vértigo, comenzó a orinar. El sonido de las gotas que caían fue tragado por la distancia de la caída; sonrió. 

Tocó la ventana del acompañante en el carro; dentro estaba una mujer que mantenía la mirada perdida en el horizonte negro. Miró a Julio, colgó el celular y abrió la puerta. No le respondió a la pregunta "¿A dónde hablaste?" mientras delicadamente la sacaban del carro. El cuerpo de la mujer estaba lánguido y un poco reseco. Su piel forraba los huesos, apretada y agrietada, dándole una vejez que no correspondía a su edad. Julio, guío a la mujer como un hijo guía a su anciana madre hacía la orilla de la carretera, despacio y con tropiezos, siempre dándole ánimos "vamos cariño, necesito que te muevas un poco más deprisa" susurraba junto con la noche. Ella no abrió sus agrietados labios.

El viento se pegaba a sus ropas, el aroma de los árboles allá abajo se metía entre sus dedos. El hombre besó a la demacrada mujer, acarició su piel reseca, miró los ojos llenos de tristeza, la tomó de sus cabellos de cobre y le susurró al oído "te amo Ana" un momento antes de arrojarla a la barranca. 



jueves, 8 de agosto de 2013

¿A mano o en computadora?

¿De qué manera es más cómodo escribir? ¿En una hoja de papel, a pulso; o en una pantalla de computadora, tableta, celular etc.?
Quizá, dentro del mundo de la literatura, el dónde se escribe no tiene una connotación tan tentadora como el resultado de lo que se escribe. 
Sin embargo, este aspecto práctico tiene una gran fuerza. 



Facilidad de uso de la tecnología. 

Sobre todo, esta fuerza viene acentuada por lo práctico que resulta escribir de una o de otra manera. 
La tecnología permite escribir mucho, corregir con solo apretar un botón y dar un formato a las letras que ya se han plasmado. 
Aún así, si a la inspiración se le ocurre subirse al camión contigo, ¿ahí qué?

Si bien ya existen dispositivos móviles donde se puede poner uno a escribir donde se le pegue la gana, se debe tener dichos aparatos. En mi caso no poseo ningún dispositivo de este tipo, así que si la inspiración me toma por sorpresa en un lugar lejos de mi PC. Recurro a mi memoria de pez. 


El siempre verde cadáver. 

O, si son sabios, tomarán una hoja en blanco, una pluma y anotarán en ella la colita del verso, de la historia o de la idea que acaba de traerles doña inspiración. Esta es la manera más sencilla de no perderse u olvidar el cuchicheo improvistos. 

Una libreta, pequeña, grande, cuaderno y una pluma, siguen siendo más prácticos y menos robables que cualquier dispositivo electrónico. 



La voluntad de necesitar. 

Hay muchas historias de autores a los que les han privado del papel y de la tinta por diversos motivos. Al final, la historia llega a la conclusión en las que el autor se las ingenia para escribir, donde sea y como sea. Hay casos donde la tinta es la sangre misma del escritor, o su comida, o sus heces. Lo que los mantuvo escribiendo fue su voluntad de hacerlo. 

Las necesidades de escribir no deberían estar emparentadas con las necesidades de consumir. Lo que se requiere es una voluntad de hacerlo, tomar las posibilidades propias, alcanzar de manera práctica una rutina y estar listo a las silbidos de doña inspiración, que en cualquier momento, puede murmurar el comienzo de lo que podría ser una gran historia. 

¿Los a tomado por sorpresa la inspiración? Sea para escribir, para hacer un regalo, para solucionar un problema. ¿Dónde ha sido eso? 

¡¡Dejen sus comentarios!!

sábado, 3 de agosto de 2013



Capítulo 01 
El Eco... parte dos 



Caminé por toda la casa, no encontraba a Ana por ninguna parte, ¿qué había sucedido con ella? Me resultaba extraño, Sofía dormía plácidamente, incluso me sentí mal por haber abierto la puerta, como ladrón que entra a una casa a robar, como si con sólo mirarla me robará sus sueños. Salí de allí, recorrí cada rincón de la casa, cada parte de piso que alguna vez había abrazado la felicidad de nuestra familia, tal vez había dado por sentado muchas de esas cosas que se suponía venían con una familia, con un bebé... Amaba tanto la idea que  después de la llegada de Sofía y Ana comenzó con su depresión, pensé "eso pasaría, todo iría bien después"... pero las cosas no mejoraron y ahora… ahora no sabía nada, hacía tanto que no se reía allí, que lo único que se escuchaban eran gritos y llantos, ahora que el silencio se respiraba la sensación era distinta a la de tranquilidad ¿dónde estaba Ana?

Me senté en la sala, el sol comenzaba a alumbrar un día más estaba por empezar, el trabajo aguardaba, las actividades diarias, todo parecía igual, todo, a excepción del silencio, a excepción de que aquello parecía irreal, afuera los ruidos eran los de siempre, los vecinos con la primera carga de la lavadora, el de tres casas a la izquierda con la podadora, el de cuatro casas a la derecha con la afinada de su motocicleta, la abuela de al lado con la licuadora, el mundo hacía ruidos, el país despertaba en medio de sonidos, la ciudad daba los buenos días con cláxones y la calle se inundaba de los distintos sonidos, sólo la casa seguía en silencio… ¿dónde estaba Ana?

No sabía si aquello era una pesadilla, mayor que la de la vida donde Ana apenas y se movía, donde su cuerpo era un mero esqueleto con susurros de vitalidad. Aquel donde yo seguía sin poder entrar a su mente, en aquel mundo donde mentía a la mitad de la gente sobre lo que sucedía con ella, en esa realidad llena de sufrimiento, aun así la prefería a esta en la que estaba despertando, una donde no había rastro de Ana, en ésta que comenzaba a sentir que el aire me faltaba. Su nombre se formaba en  mis labios y moría con las lágrimas que salían de mis ojos. Era un mundo en el que me sentía en medio de un laberinto sino estaba Ana.

Pero no podía llorar, no quería despertar a Sofía, lo único que quería era saber el paradero de Ana, ¿Dónde estaba Ana?

Me levanté, tal vez si salía a buscarla, tal vez la encontraría, tal vez estaba sentada en aquel parque al que antes solía ir, tal vez habría ido en bicicleta a la tienda como antes de que no pudiera levantarse, tal vez…

Mi cerebro me engañaba, yo me engañaba, era imposible y lo sabía, apreté mis manos, quería golpear a esta realidad que me había dado el primer golpe, un derecho al hígado que me estaba dejando sin aire.

Entonces el teléfono sonó, y por primera vez desde esa madrugada el silenció se había roto dentro de la casa. 

Continuará...

sábado, 27 de julio de 2013

Escritos multiautores

¿Alguna vez han escuchado hablar de un libro, o escrito multiautor? Con esto quiero decir, a que un mismo texto, sea escritor por varias plumas, varias personas. 

En esta ocasión, El libro rojo comienza con su primer trabajo colectivo, en el que cada sábado, Danz, Ale, Nic y yo, reuniremos ideas para crear una novela corta. Cuatro matices, cuatro estilos, pero sobre todo, cuatro cabezas trabajando en una misma historia, sin conocimiento de que será lo que cada quien planea escribir.

Esperamos que dicho proyecto sea de su agrado, y no olviden dejarnos sus comentarios.

°°°

El libro rojo presenta...


Capítulo 1
(Eco)

El silencio estaba claro, estaba explícito. Aun cuando su origen me quedara confuso, aun cuando la costumbre del ruido, se impregnara en mis parpados que se abrían visibilidad, entre las lagañas de un sueño casi milagroso entre tanto ruido de sufrir, aun así… no había duda del que todo estaba en silencio. Me asustó, más que sorprenderme, me fue fácil de percibir, más que de entenderlo. ¿Dónde estaba el llanto de Ana? El llanto con el que ya me había acostumbrado a dormir todos los días, y había logrado asociar a una canción que me arrullaba, que me cobijaba… ¿Dónde estaba, si no estaba en su lugar? ¿Dónde estaba sino hecha ovillo, en las sábanas que ni su cuerpo, ni el mío lograban calentar?... ¿Por qué había silencio? ¿Dónde estaban los gemidos? ¿el esporádico, pero siempre molesto ruido de su nariz aspirando?... ¿Dónde estaba Ana? y ¿Por qué había silencio?

¿Se habría levantado de la cama? ¿después de tantos años de haber estado casi pegada a ella? ¿habría atravesado la habitación y salido de ella? ¿le habría dado hambre? ¿estaría en el cuarto de Sofía? Pensé en la figura frágil que los años de no comer casi nada, le había dado, pensé en su cuerpo blanco, casi muerto, en sus piernas, que se rompían cuando caminaba al baño, ¿aun así? ¿se habría atrevido a levantarse? ¿a salir de nuestra habitación? Y sobre todo, ¿habría dejado de llorar?... ¿Por qué había tanto silencio?


(Continuará...)


lunes, 3 de junio de 2013

Escrito por axlmar en , , | 5:36 p. m. Sin comentarios



Celebrating our second month... this is the post with more views in the last month, hope you enjoy it

Those Japanese’s cartoons



Today, I wanted to talk about something that was in first place what made me feel some confidence in order to write. So many years ago, from Japan arrive to Mexico something that people name “Japanese’s cartoons”. As a kid I watched them as they broadcast them, but It was until later that I knew those cartoons as people named them, were something more. They are animes or Japanese’s animations. And that those animes are based on mangas (Japanese’s comics)

Maybe you are wondering why Am I talking about it?, well, all my life I’ve been found on writing, but It was only when I wrote a fanfiction (yes, a lot of writers have written some of them) and then I realized I have skills in develop more complex and very long stories.

But, why did I write a fanfiction from an anime? Well, first let me tell you, that an Anime is not a simple cartoon, there is a lot of genders, from topics as well the public is made for. Lots of them are far away to be for children. The ones are for kids are named “kodomo”, this gender is the one that could enter into cartoon category, From teenagers public animes are separate if is directed to Boys or Girls. Why the difference?  Well for teens boys is “shonen” where the lead is taken for a boy and it can include magic elements as well as sports. For girls, is “Shojo”, commonly the lead is taken for girls and develop romantic elements. But there is not all, there are for mature audience. For men is “seinen”. Where topics are more mature. In them they talk about death, wars, politic plots… while for women is “Josei”, where the story is about job situatitons, romantic relationships and even marriage situations.

This is the basic classification. Because is also a divided by topic, there is even a gender that is for +18, something like XXX movies.

The first cartoons to arrive to Mexico were shojos, there were stories made for teenager, but because there were animations, all children have Access to them. At difference from a cartoon, those animes had a typical argument from a novel, a complex development ant talking about some issues unknown from certain kids such as death, honor and sacrifice. We have to understand  those first animes were Occidental Stories from Oriental point of view. Sometimes these point of view were shocking and understandable for young kids.



As I was growing up, I began to understand some of those things. Something inside of me was born. I wanted to write… so I wrote fanfictions. That gave me a lot of confidence. Publish online fanfictions, and to have readers to give a lot of support, made me think that write was something I wanted to do for the rest of my life.

Personally I think those stories have influenced me in a way that even though I’m not writing some story I can give the profound and the complexity such as animes have. Until this moment I continue enjoying reading mangas and watching animes.

I don’t know if someday I will free myself from spell that anime put on me. And I’m not sure if I want to be freed either.

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