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martes, 23 de febrero de 2021

Escrito por axlmar en , , , , , , , | 2:27 p. m. Sin comentarios

 



Durante mi niñez me atrevo a decir que rayábamos en la pobreza, aunque mi mamá hacía lo posible por encontrar actividades no tan caras y que fueran atractivas para mis hermanos y para mí, la mayor parte del tiempo nos la pasábamos encerrados. Porque además a mi madre nunca le gustó que saliéramos a jugar a la calle.

Podrá parecerles que fue una niñez aburrida, pero de hecho fue muy divertida. En especial porque nunca sentimos la necesidad de salir para entretenernos. Esto fue en gran medida porque siempre tuvimos libros a nuestra disposición.

En mi casa fuimos lectores tempranos, en cuanto podíamos leer, recurrimos a los numerosos libros que mis padres habían acumulado a lo largo de sus años, algunos heredados, otros eran nuevas adquisiciones y también estaban los regalos tanto para ellos como para nosotros.

Recuerdo haber comprado mi primer libro (con dinero ahorrado de mis domingos) a la edad de 8 años, además de que cada semana, mi padre nos compraba historietas, que iban desde las de súper héroes hasta “La pequeña Lulú” y “Condorito”.



Leer hizo que nos abriera la imaginación, era difícil que en la casa hubiera aburrimiento, lo que no se le ocurría a uno, se le ocurría a otro. Y muchas veces, terminábamos jugando a las cosas más extravagantes y absurdas. Hizo que no fuera necesario estar siempre al aire libre para poder disfrutar.

Hoy día, que estamos por llegar a un año de encierro debido a la pandemia, he visto y escuchado por todos lados lo mucho que se estresan los niños, los padres que desean salir de sus casas, lo aburrido que es estar en casa. Comienzo a pensar que algo hemos hecho mal.

¿Cómo es posible que en un momento en que la tecnología nos está permitiendo estar conectados con la gente que queremos e incluso recibir educación a distancia de pie a estar en esta desesperación? Cuando era niña eran pocos los canales de televisión, ni siquiera hablar de plataformas de streaming, y repito, no recuerdo haber estado aburrida.

La lectura fue la razón por la cual nunca nos aburrimos, no sólo despertó nuestra imaginación, nos hizo viajar, emocionarnos, sentir que conocíamos lugares fantásticos, que las aventuras de los protagonistas de los libros eran nuestras propias aventuras, de allí surgieron cientos de juegos donde nuestros muñecos de peluche iban en expediciones parecidas a las de los libros de Julio Verne o Emilio Salgari. Grabamos radionovelas con historias tan desgarradoras como las de Charles Dickens, o jugábamos a cosas locas que habrían jurado que habían salido de los libros de Mark Twain.

 


Si bien es cierto que los lugares públicos se han vuelto riesgo, cines, teatros, salones de juego, incluso escuelas y oficinas. Y nuestra capacidad de elección se ha visto disminuida, y vivimos en un mundo lleno de temor. Es una mayor razón para comenzar a leer porque cuando el mundo se cierra no hay mejor ruta de escape que una buena historia que te atrape en las primeras páginas.

No debemos despreciar el valor de los libros, ya que son una ventana no sólo a otros lugares, sino a otras vidas, a otros mundos. Rompen la rutina, porque, aunque leas a la misma hora en el mismo sillón de siempre, las historias son las que hacen que el momento sea distinto; puedes llorar, reír o enojarte; puedes estar en Inglaterra, China, Marte o un mundo mágico; puedes ser parte de una cruzada, de una expedición, de un complot para acabar el mundo; puedes vivir hace mil años, hace un siglo, o en el futuro; puedes estar en el lugar de tus sueños o en el que alberga tus más temidas pesadillas.  Quien posee el hábito de la lectura y tiene a la mano un libro, jamás estará realmente encerrado.

martes, 5 de mayo de 2020


Éste es un tema que nos han pedido bastante, a veces a la gente que nos conoce, les resulta fascinante que nos guste tanto leer, y en esta época de encierro, la lectura, se ha vuelto algo indispensable para pasar el rato.

El problema es para aquellos quienes no tienen el hábito y, a pesar de tener tiempo, no logran ni siquiera pasar de las primeras hojas de un libro. Así que para ustedes que tienen este conflicto, les daré algunos tips para empezar a leer como hábito.



1. Escoge un tema que te agrade. Hay infinidad de libros que tocan todo tipo de temas, hay que preguntarnos, ¿qué cosas nos gustan? Si recordamos que las series y películas tienen la misma separación de géneros como los hay en la literatura, debemos empezar con esto, ¿qué tipo de películas veo?, ¿qué series de televisión me gustan? De esta manera podremos dilucidar cuál es nuestro género favorito literario. 


2. Pide recomendación de alguien que lea. Si ya sabemos el género que nos gusta, pero no conocemos de libros, va a ser difícil que logremos encontrar un título para leer. Para resolver este problema, podemos pedir recomendación a quienes leen, para que nos proporcionen títulos o autores del género. Si no conocemos a nadie que lea, entonces, busquen en Google, coloquen “libros del genero tal”, de allí podrán encontrar blogs que hablen de libros, o en YouTube, a algunos booktubers que hayan leído de ese género de su elección. 

3. Empieza con algo corto. Para alguien que va iniciando, es mi recomendación que empiecen a leer cuentos del género que les gusta, la mayoría de los autores además de tener novelas en algún momento de su vida han escrito cuentos, estos al ser más cortos, es más fácil terminarlos de leer y podemos darnos una idea si la escritura de determinado autor nos atrapa o no. Es una buena forma de ir conociendo escritores. 

4. Lee sobre historias que ya conoces. Es más fácil leer sobre algo previamente conocido, aquí puedes buscar libros de los que se hayan hecho películas, o series, aquellas que ya has visto. Lo único es que debemos tener cuidado con esto, porque encontrarás diferencias en la historia o en personajes, ya que hay que recordar que las películas o series son adaptaciones, que rara vez están apegadas en un 100% a la historia original. 

5. Coloca una meta. No nos vayamos por todo desde un inicio, como todos los hábitos en la vida se tienen que ir creando poco a poco. Es como los que nunca hacen ejercicio y de repente hacen, no se van a ir por un maratón la primera vez, se comienza con ejercicios leves, que conforme van avanzando, van subiendo de dificultad y de duración. Lo mismo pasa con los libros. Hay que ponerse una meta real, es decir, leer 10 páginas diarias, o diez minutos diarios, no hay que empezar con leer la novela completa de una sentada o aventarse cinco capítulos, mientras que la meta sea realista podremos completarla y así nos sentiremos mejor. Con el tiempo iremos ajustando las metas, al mes de leer 10 páginas, lo elevamos a 12 páginas, o 12 minutos, y así hasta llegar a un hábito de unos 30 minutos diarios, o más, si es que se tiene el tiempo, pero 30 minutos diarios es muy aceptable y ya se puede considerar un buen hábito de lectura. Si tomamos en cuenta de que en 30 minutos puedes leer 30 páginas, quiere decir que en una semana estarás leyendo un libro de mediano grosor, un libro grueso en dos o tres semanas. 

6. Ten un ambiente apropiado para leer. Cada persona encuentra también en qué
momento se le facilita más la lectura, pero hay cosas importantes para empezar a leer, ¿se han fijado que las bibliotecas siempre están en silencio? Bueno, esto es porque es mucho más fácil concentrarse en silencio, si en tu casa difícilmente hay silencio, hay varias opciones, una, esperar a la noche que ya no hay ruidos (aquí cabe la posibilidad que ya estés cansado y te duermas rápido, por lo que no es tan recomendable), o la segunda, con unos audífonos, coloca música sin letra, así taparás los demás sonidos y serás capaz de concentrarte unos minutos (recuerda empezaremos con diez minutos máximo). También asegúrate de tener luz apropiada, no dañes los ojos con escasa luz, compra una lámpara si no la tienes y vas a leer en la noche, aunque es preferible leer de día. También lee en un lugar cómodo, pero no lo suficiente como para que te quedes dormido, antes de obtener el hábito, evita leer en la cama.

7. No leas cansado. Es muy importante eso, para quienes no tienen el hábito de la lectura, ven a quienes sí lo tienen, la mayoría de lectores leen antes de dormir, pero eso es porque ya se tiene el hábito, cuando no estás acostumbrado, tomar un libro antes de dormir, después de un día de actividades (ahorita un poco raras por el encierro), el cuerpo al relajarse su principal función será dormirse y el cerebro no tendrá la capacidad de concentrarse y aunque leas, probablemente no recordarás lo leído y al día siguiente no podrás seguir el hilo de la lectura. 

8. Date el permiso de dejar una lectura. Si comienzas a leer, así lleves 50 o 60 páginas de un libro, pero sientes que la historia no te atrapa, deja la lectura, es probable que hayas escogido una historia que no es para ti en ese momento de tu vida, como dice una amiga, “Los libros no tienen caducidad”, no hay una necesidad imperiosa de terminar cada libro que cae en tus manos, puedes dejar la lectura a un lado e iniciar con otro título, con otro autor e incluso otro género, se vale hacerlo y no es un pecado si nunca terminas de leer algún título que hayas iniciado en algún momento de tu vida. 

9. Empieza otras historias sin terminar el libro en turno. A veces pasa que alguien nos recomienda un libro mientras estamos leyendo otro, así que es permitido empezar una lectura nueva, no pasa nada, es parecido a dejar la lectura para siempre, pero en este caso, sólo dejarlo mientras se lee otro, es algo común en los lectores habituales, repito, los libros pueden dejarse por mucho tiempo y retomarse la lectura en el momento que creas apropiado. 

10. Únete a un club de lectura. No hay nada más frustrante que al término de un libro no encuentres a nadie con quien compartir la historia que te gustó, o no te gustó y querer compartir eso. Así que unirte a un club de lectura, te ayudará, primero en encontrar títulos que normalmente no leerías, en forzarte un poco a leer para las reuniones y por último para comentar con más personas que leyeron eso que tú también acabas de leer. 








En fin, son algunas recomendaciones, espero que les sirvan de algo, para aquellos que quieren iniciarse en el mundo de la lectura, así que felices páginas y que disfruten las historias que esperan para conocerlos. 

viernes, 31 de enero de 2020



Los inicios de año suelen ser difíciles, te llenas de nuevos proyectos y ves aquellos que no pudieron realizarse el año anterior. En mi caso fue el reto lector, ya en el 2018, hice un reto lector que apareció aquí, y aunque el pasado no lo coloqué, estuve haciendo un reto en la app de Goodreads, muchos la tienen para ver reseñas y el puntaje que ha obtenido tal o tal libro, en lo personal la uso para llevar el record de los libros leídos.

El reto que coloqué para el 2019 fueron 40 libros, esto claro aparte de los textos que leo en clases y de los talleres, y de repente se complica porque hay ciertos libros que no aparecen allí.


¿A qué viene esto?, pues, me percaté hace unos meses que el estado anímico también afecta en aquellas cosas que das por sentadas, como el hecho la lectura. En lo particular, me encanta leer, pero después de tener un periodo difícil anímico, perdí las ganas de hacerlo. Ya para octubre, me sentía mejor, entonces recordé el reto de Goodreads y vi que no llevaba ni la mitad de los libros.

Debo confesarles que los últimos meses del año, leí como loca y ni así veía cómo llegar a los 40 libros, y sí… hice trampa, es decir leí un montón de libros de niños que no pasaban de las 100 páginas, ciertamente no dejan de ser libros, pero para mi orgullo lector fue un golpe bajo, el caso fue que el día 30 de diciembre de 2019, aún con esas trampas logré completar el reto.

Pensar en ello, todavía me hace dar escalofríos, me prometí a mí misma, no dejar que cosas externas me desenfoque de aquello que realmente me importa, como es el hecho de la lectura.  Este 2020, después de la debacle del año anterior decidí poner nuevamente el reto de 40, cuando ya tenía varios años que iba aumentando uno dos o hasta 5 libros al año. Y tomé la decisión de sólo leer libros infantiles si es que me llaman la atención y no por un fin sucio de completar un reto.

Hoy es 31 de enero, ha transcurrido el primer mes del 2020. El inicio ha estado rudo, como lo suelen ser los fríos principios de cada año, pero he sido fiel a mi promesa, de hecho, he conseguido más de lo esperado. Al día de hoy llevo 5 libros leídos, creo que estoy cerca de mi propio récord.

Definitivamente, se hace verdad que la disciplina y la concentración hace que consigas aquello que deseas. Si el año pasado tuvieron una pelea con la lectura, no se desanimen y sigan leyendo, siempre se pueden retomar y como diría una amiga mía, los libros no tienen caducidad.

viernes, 22 de marzo de 2019

Escrito por axlmar en , , , , , , | 11:27 a. m. Sin comentarios




Cuando se lee un libro, si está bien escrito, es entendido que debe provocar algo en el lector, desde una emoción, evocar un recuerdo o invocar algo que estaba escondido en el mismo. 

Obtener este tipo de emociones y sentimientos, es la aspiración máxima de un escritor, pues como autores esperamos que cada lector viva en carne propia lo que se está escribiendo, mantenerlo pegado a las páginas del libro, que se sienta relacionado con la historia, o que bien empatice con alguno de los personajes. 

Entonces, ¿qué pasa cuando un escritor consigue esto? Pues podemos entender que esto sería la buena literatura, no obstante, para el lector puede llegar un mar de sentimientos que a veces no logra descifrar y, en ocasiones, le deja pensando después de la lectura. 

Aquí les dejamos un listado de las principales frustraciones de un lector. 



1. Matan a tu personaje favorito. 
Es bien sabido que los buenos escritores no temen matar a sus personajes, muchas veces como lector, tu peor miedo, sobre todo, cuando ya te encariñaste con un personaje, es que el autor haya decidido matarlo y que a medida que pasan las páginas, compruebes que tu miedo se hizo realidad.

2. La historia no termina bien. 
Somos una generación Disney, por lo tanto, esperamos que las historias terminen con un “y vivieron felices por siempre”, sin embargo, los escritores en sus libros hacen un reflejo de la vida, y recordemos que la vida no siempre es justa. Es muy probable que los personajes no encuentren la felicidad… lo que provoca una frustración a los lectores. 

3. Odias al protagonista.
Muchas veces, cuando nos encontramos un libro que nos evoca muchos sentimientos, tiene un protagonista odioso o incluso repulsivo, te dan ganas de ahorcarlo y desaparecerlo de la historia… y lo peor del asunto, es cuando este tipo de personaje se sale con la suya, entonces aquí entran dos tipos de frustración, no tiene un final que te guste y gana a quien odias. 

4. No te puedes sentir identificado con ningún personaje. 
A veces, hay historias muy buenas, pero no las disfrutas como debería, porque no te puedes sentir identificado con nadie, no sientes empatía por los personajes, ya sea porque son muy distintos a ti, o por la cantidad de equivocaciones que cometen… y sí, sucede, puedes sentir emoción por lo que pasa pero cierta indiferencia por los actores de los sucesos.

5. Tu pareja favorita termina separada.
Ocurre también, que la historia termina bien, no matan a tu personaje favorito, no odias al protagonista y te sientes identificado con más de un personaje, pero tu pareja favorita termina separada, o incluso decidieron no estar juntos, o las circunstancias los aparta… y eso es sumamente frustrante. 

6. La peor pareja termina junta.
Por el contrario del punto anterior, resulta que, en ocasiones, la peor pareja, la que no te agrada para nada, es la que se casa, la que incluso tiene hijos, ese par que tú sabes no saldrían bien librados ni de una cita romántica, pero que el autor se empeñó en juntar y que por hacerlo, viene todavía la peor pesadilla, deja separados a los que si deberían estar juntos. 

7. La historia es una saga no avisada.
Comienzas a leer súper a gusto un libro, pero a medida que lo vas leyendo, te percatas de que hay muchos conflictos, no han resuelto ni la mitad y ya estás a unas páginas del final, entonces, cuando llegas a la última página ves que no hay final. Y más adelante el autor anuncia que es la primera parte de una saga. 

8. La historia no tiene final. 
Todavía peor que leer una saga no anunciada previamente, está el leer un libro sin final, que no tiene continuación, por lo que jamás sabrás qué pasó después de la última página y te dan ganas de ir a buscar al autor para que te diga qué sucede con los personajes. 

9. El libro tiene un final abierto.
Aunque algunos consideran muy elegante el dejar un final abierto, para muchos lectores es una pesadilla, porque la historia no termina ni bien ni mal, simplemente te han dejado confundido como si fuera un examen de opción múltiple. 

10. El libro te encantó, pero no encuentras con quien platicar.
Los puntos anteriores podrían ser malos y aun así, como lectores podemos soportarlo, sin embargo, lo peor que nos puede pasar es haber descubierto una historia, un autor, encontrar el personaje más entrañable y no tener con quien discutirlo, está es una de las razones por las que los clubes de lectura y del libro son creados, porque no hay una insatisfacción más grande que el querer compartir algo maravilloso y no encontrar con quien platicar al respecto. 




En fin, éstas son algunas de las frustraciones de los lectores, aunque hay que entender que provienen de libros bien escritos, por lo general si el libro está mal escrito, la mayor frustración es la de estar corrigiendo la ortografía, la gramática o incluso la sintaxis mal usada, en lo personal, cuando así me pasa, dejo la lectura, porque leer para mí debe ser una delicia, un disfrute, y si me pongo a corregir y a pensar en lo mal escrito que está un texto, pues deja de ser disfrutable o tan siquiera entretenido. ¿Y para ti, cuál es tu peor frustración como lector?

viernes, 1 de marzo de 2019


La pregunta que nos han hecho varias veces es: ¿cómo acercar a los adolescentes a la lectura?, para muchos maestros y padres es una inquietud. Hay varias maneras y lamentablemente las más efectivas debieron ser impuestas mucho tiempo antes de llegar a la adolescencia.



1.    Con el ejemplo.

Los niños imitan, así que si en una familia, los padres son lectores, los hijos también lo serán. Y es por dos razones, ven que es una actividad que pueden compartir con ellos (aunque cada quien lea cosas diferentes) y no es una imposición sino algo que harán por su propio interés.

2. Platicar sobre libros.

Cuando no estamos en el primer caso, es decir, no se tuvieron padres lectores, entonces tenemos un problema más complicado, porque en una edad de por sí difícil, hay que tratar de interesarlos en algo que no es común y que muchos encuentran aburrido. No obstante, se puede conseguir de varias maneras.

En mi experiencia personal, he tenido mucha efectividad cuando les platico de un libro, evidentemente, aquí tienes que contarles una historia que conozcas bien (de preferencia que te guste para que puedas transmitir ese gusto mientras hablas de la misma), al momento de hacerlo debemos evitar demasiados detalles, pero tocar los puntos clave con la intención de que el argumento se entienda.

Por lo general, si la síntesis de la historia está bien elaborada y hablas con emoción de ella, lograrás captar la atención de más de uno, y si no es inmediato, al cabo de unos días tratarán de leer el libro.

3. Conocer a la persona.

La lectura es una especie de regalo. Y de igual manera que cuando se hace un regalo, hay que conocer los gustos de a quien se le va a recomendar un libro.

Si es alguien que no lee nada y nunca ha leído algo fuera de los libros de texto, debemos averiguar las películas y programas de televisión que ve, porque así podrás saber qué género de la literatura podría interesarles. Hay que recordar que los géneros del cine nacieron de la literatura, por lo que vamos a encontrar libros para cada uno de ellos.

4. Historias breves.

Sé que nuestro interés prevalece en que alguien lea clásicos, ansiamos ver a alguien que nunca ha leído con “El Quijote” en sus manos, sin embargo, eso no tiene sentido. Debemos tomar el caso de un joven no lector, parecido a un caso de anorexia, a una persona anoréxica, por más que nos gustaría verla comiendo un filete, si tiene mucho tiempo sin comer, debemos conformarnos con que coma un paquete de papas fritas. De igual manera, con un no lector, debemos conformarnos con que lea historietas.

Con el tiempo la persona anoréxica irá comiendo mejor hasta llegar al filete, pues igual con el no lector, de las historietas pasará a libros pequeños y eventualmente entrará a los clásicos.


5. No imponer una lectura.

La adolescencia es un periodo de transiciones, de revolución hormonal, donde los jóvenes tienden a la rebeldía, si se les impone la lectura como obligación, será lo último que harán, así que decirles hay que leer tal o cual libro, hará que ellos sientan cierta aversión hacia el mismo. Debemos conseguir que por sí mismos deseen leer, no imponerles la actividad.


6. Historias de acuerdo a su edad.

Estamos en un momento importante para la lectura, porque ahora tienen muy bien definido el público para quienes van dirigidas las historias, hace años había libros para niños y libros para adultos, pero ya ha cambiado eso, en las librerías tienen ya bien clasificados los públicos, hay secciones para cada una, infantil, juvenil, adultos jóvenes, adultos contemporáneos, adultos mayores. Si eres alguien no lector y quieres que tu hijo lea, entonces podrías sentir que no sabes ni qué comprar o por dónde empezar, así que es momento de ir a una librería, dirigirte a la sección juvenil, allí verás las sagas juveniles o adolescentes, que están encaminadas para chicos entre 13 y 20 años, hay sagas que ya están terminadas y sagas que están en proceso de escribirse, si la portada no te dice mucho, en la contraportada podemos encontrar una sinopsis de la historia.

Estos libros ya tienen la clasificación porque están diseñados en específico para que sean leídos por jóvenes de esas edades, es como la ropa en una tienda departamental, no llevarás a tu hija de15 años a comprarse ropa de adulta, pues exactamente eso sucede con los libros, hay historias para cada edad.


7. Dejar los clásicos para el final.

En mi caso, yo crecí leyendo los clásicos, Mark Twain, Julio Vernes, Emilio Salgari, Charles Dickens, Lois May Alcott... Por eso de repente se me hace casi increíble que haya personas que no los disfruten. Mas al paso del tiempo, me he dado cuenta de que en una sociedad consumista donde la brevedad es la sensación, los clásicos parecen quedar a un lado. Los libros contemporáneos, aunque a primera vista se vean gruesos, la mayoría (sobre todo, sagas o bestsellers) están escritos con palabras simples y de uso común, que no representarán un reto para el lector.

En el caso de los clásicos utilizan palabras y tiempos verbales compuestos, son muy descriptivos y, a veces, no tienen tanta acción como los libros actuales.

Esto no quiere decir que sean malos, sólo que son libros que tienen que ser apreciados, son clásicos por algo, porque han logrado atravesar la barrera del tiempo, porque emplearon técnicas que fueron precursoras a lo que se escribe ahora, porque fueron pioneros en géneros literarios o porque las historias se han vuelto una referencia para los escritores de todo el mundo.

Por lo que llegar a los clásicos, tiene que ser de forma orgánica, sin presiones, para que cuando pase sea una satisfacción leerlos.






Ahora bien, éstas son algunos pasos a seguir para llevar a un adolescente a leer. Ya más adelante hablaremos de títulos de libros que pueden ser interesantes para las nuevas generaciones.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Escrito por axlmar en , , , , , | 2:20 p. m. Sin comentarios




Escribir, te lo enseñaron desde tus primeros años de vida, algunos desde el kínder, para otros en la primaria, cómo sujetar el lápiz, en cuadernos pequeños, y con letra grande. Sí, como todos los demás, así comienzan los escritores también.

Al paso del tiempo, es que comienzan a verse las diferencias, los escritores desarrollamos una necesidad intrínseca de escribir, de plasmar sobre el papel nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros sueños y nuestras vivencias.

Algunos escuchan el llamado y lo desoyen, otros lo escuchan y comienzan a escribir de inmediato, pero como dirían los griegos, si es tu destino no puedes huir de él, porque tarde o temprano, el que nació para este oficio se enfrentará a él.

Cuando tomas conciencia de lo que eres, decides aumentar el nivel de conocimiento, por medio de instituciones, en talleres o de forma autodidacta, que te ayudarán para este efecto, para conseguir las herramientas necesarias.

No obstante, aunque aprendas a hacerlo rodeado de compañeros, el proceso de la escritura es solitario, tal vez, ésta sea la razón por la cual la mayoría de los escritores amamos la soledad, no todo el tiempo, pero la soledad se vuelve una sana compañera para cuando estás en obra, ya sea pensando, planeado, o en su última instancia, plasmando las historias sobre una hoja en blanco.

Por esto, encontrar un lugar para escribir se vuelve una odisea, cada uno es distinto; hay quienes pueden escribir en medio del ruido; otros, necesitan silencio absoluto; otros requieren cero distracciones, no teléfono, no redes sociales, no nada, que pueda hacerles perder la concentración; y hay quienes forman una especie de burbuja, que te desconecta de todo.

El lugar designado para la actividad de escribir, ha variado con los años, así como han ido desarrollándose tecnologías nuevas que ayudan en el proceso, en la antigüedad, la mayoría de los escritores, designaban un espacio con un escritorio lo suficientemente amplio para tener un montón de hojas, plumas y tinta, lugar con buena iluminación para escribir durante el día, y un buen recaudo de velas para quienes lo hacían de forma nocturna.


Esta situación cambió con la máquina de escribir, de allí en adelante, era indispensable contar con una de ellas, y si no tenían dinero para comprar una, como en el caso de Ray Bradbury, acudían a lugares donde las rentaban por horas, o en el caso de JK Rowilng que compró una usada que tenía algunas de las letras pegadas, lo que caracterizó los primeros borradores de "Harry Potter". Las máquinas fueron evolucionando, desde muy finas y bromosas, hasta esas portátiles, pero el uso de las mismas tenía que ser exclusivo del día, porque eran muy ruidosas, sólo aquellos autores quienes vivían solos y sin vecinos quejumbrosos.

La máquina eléctrica vino a suplir la mecánica, menos ruidosa, más eficiente, aunque eso sí, más cara, pero aún exigía un escritorio para su uso, una silla cómoda. Pero con la posibilidad de estar horas y horas en la noche, ya sin ruido y con un buen foco para iluminar.

A partir de finales del siglo pasado, la situación volvió a evolucionar, la computadora personal y los procesadores de texto, hicieron que el escritor pudiera trabajar hasta en la oscuridad, la pantalla con luz propia hacía posible este cambio, el ruido casi inexistente de los teclados hacían el trabajo casi imperceptible.

No obstante, con las laptops, esto revolucionó el lugar del escritor, porque volvió innecesario el tener un escritorio, el estar anclado a un lugar, ahora se puede escribir en el jardín, en el parque, en la playa, en el café, en la sala, en la cocina, en la cama, además de que los procesadores ya tienen sus propios diccionarios, ya ni siquiera se requiere llevar uno consigo.

Me gustaría no hablar de aquellos que ni siquiera usan una laptop, hoy días, de aquellos que escriben en sus smartphones, si la idea de no tener un lugar establecido me preocupa, el suplirlo por el teléfono me parece que vuelve más difícil establecer una rutina, una disciplina real.



Los escritores clásicos, tal vez carecían de la tecnología, pero sabían lo que requería el oficio, un lugar tranquilo y específico para escribir, para dedicarle horas a esta labor. Los escritores de hoy, hemos obviado el tener un lugar exclusivo para realizar nuestra actividad, por eso, nos resulta fácil distraernos, por eso exigimos silencio, y no podemos concentrarnos ni siquiera con el ruido común de la naturaleza.

Tal vez sea necesario redescubrir un lugar para escribir, uno propio, uno que nos permita hacernos a la disciplina, porque hay que recordar que el talento si no se cultiva no sirve de mucho, y para disciplinarnos, encontrar el lugar ideal para desatar nuestros pensamientos, emociones, historias y sueños, debe ser tan importante como el de obtener las herramientas y técnicas que nos ayuden con este proceso.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Escrito por axlmar en , , , , | 11:57 a. m. Sin comentarios




Bien es sabido, sobre todo, aquí en México, si quieres vivir del oficio de escritor, tienes que ganar un premio literario, incluso si te arriesgas a sacar una edición de autor, los editores te dirán, “si quieres ser reconocido, debes ganar un concurso”.

Suena muy fácil, pero la realidad es muy distinta. Porque a medida que pasa el tiempo, vas viendo, que ganar un concurso, es como encontrarse una aguja en un pajar.

Si es tu primera vez en el mundo de los concursos literarios, puede que participes con mucha esperanza, que busques en internet las convocatorias, leer los requisitos, cumplirlos y entrar a concurso, pensando que obtendrás el premio… el tiempo pasa, y cuando dan los resultados, ni siquiera obtuviste una mención honorífica, sientes que como escritor no vales la pena, te dan ganas de dejarlo como en un simple hobbie y no volver a aspirar a ser un escritor.

Sí, es devastadora, la primera vez, pero hay que recordar varias cosas, y no dejarnos vencer ante el primer obstáculo.

¿Por qué no se ganan los concursos?

Hay varios elementos que pueden influir para que no ganes un concurso literario.

  • Tu escrito tiene errores de redacción u ortografía.

Si tu texto no está cuidado, y tiene errores, difícilmente va a ganar un concurso literario, sabemos que existen los editores, pero un juez va a preferir un texto limpio que evite trabajo de más, a uno que tenga que pasar por la guillotina para que quede presentable.
  • Escogiste un concurso donde el premio es de una remuneración muy elevada.

Mientras más elevado es el monto que ofrecen, menor posibilidad tendrás de ganarlo, porque en este tipo de concursos, entran muchos escritores profesionales. Incluso en algunos de ellos, las editoriales hacen campaña para que los autores que pertenecen a su sello, resulten ganadores. Cabe la posibilidad, de que haya arreglos de antemano y entonces, la participación de un escritor novel o de uno amateur, jamás obtendrá algo.
  • No es lo que estaban buscando los jueces.

Buscaste un concurso sin tanta remuneración y que era específico para nuevos escritores, ¿entonces, ahora qué pasó?, bueno, a veces los jueces tienen una idea en mente, no es sólo que el texto esté bien escrito, sino que el tema a tratar, aunque en la convocatoria, rece “tema libre”, una editorial, sobre todo, si hay de por medio una publicación, buscará temas que estén de moda, que llamen la atención, porque la idea es que el libro se venda. Aunque esto depende, hay que tratar de pensar en quién está convocando, ya que, si es un concurso de parte de una escuela católica, una temática controversial, no ganaría, mientras que si es una convocatoria de una editorial, sí. Debemos tratar de buscar en donde nuestro texto tendría cabida, o bien, escribir sobre un tema comercial.
  • Evita los concursos arreglados.

Hay ciertos concursos que están un poco manchados por la palabra corrupción, es decir, que se sabe previamente que los jueces tienden a favorecer a sus conocidos, si no conoces a alguno de los jueces, mejor ni entres a esos concursos. Si no sabes si a la convocatoria a la que quieres responder es uno de estos casos, verifica la fecha límite de entrega de trabajos y la fecha de resolución, y haz matemáticas, si es muy cercana la fecha, debemos calcular cuánto se tarda alguien leyendo y si el tiempo que están disponiendo hace sentido en el hecho de que un juez debería leer a todos los participantes, si los cálculos no te hacen sentido, es probable que el concurso esté arreglado.
  • A tu texto le hace falta trabajo.

Y por último, el que más miedo da, saber que tu texto aunque esté limpio, esté entendible, tenga un buen tema y su presentación sea impecable, existe la probabilidad de que necesites trabajarlo más, porque puede ser que su nivel no es el suficiente para ganar un concurso, hay que estudiar, leer mucho, incrementar vocabulario, practicar las imágenes metafóricas y seguir escribiendo.


Es difícil concursar, en algunas convocatorias requieren varias copias del texto impresas y engargoladas y a esto se suma el costo de paquetería… pero no todo es cuestión económica, pues tenemos también el desgaste emocional, primero de la angustiosa espera y después del decepcionante resultado. No obstante, recuerda, que quien no participa, nunca tendrá la oportunidad de ganar.



Así que aquí te dejo algunas recomendaciones para que sigas participando.

  • Lee bien la convocatoria, los requisitos, los temas, la extensión, el formato y fechas límites, así organizas tu tiempo, tus ideas y lo que tardarás escribiendo.
  • Evalúa los costos de impresiones, copias, engargolados y paquetería, para que determines si vale la pena entrar o no.
  • Checa quiénes han ganado previamente ese concurso, sobre todo si es tema libre, así te darás una idea de qué están buscando los jueces.
  • Revisa tu texto, dos veces, tres, cuatro, corrige la ortografía, pídele a tus amigos que te ayuden con la lectura, que te den su opinión, valora sus comentarios y haz cambios, si los crees necesarios.
  • Registra tu obra, antes de enviarla, queremos creer que quienes arman las convocatorias tienen buena fe y destruirán el material de los autores que no ganaron, pero para no dejar cabos sueltos, es mejor tener registro, para evitar cualquier mala sorpresa.
  • Espera con paciencia, y si no ganas, revisa en qué podrías estar fallando. 

En fin, éstas son sólo algunas recomendaciones, para que no se desanimen de escribir, recuerden que el oficio de escribir nos llama y que al final, un premio no nos va a quitar ese llamado, el espíritu o el talento. Hay que recordar que muchos grandes escritores, jamás ganaron un premio y que muchos de ellos fueron rechazados numerosas veces por editoriales. Lo más importante es empezar a escribir, no dejar de hacerlo y evidentemente si quieres ganar un premio, pues seguir participando.


viernes, 20 de julio de 2018

Escrito por axlmar en , , , | 1:50 p. m. Sin comentarios


El “yo” dentro de lo que escribimos.



Para convertirse en escritor, hay muchos factores y a cada quien le detonan diferentes circunstancias. Por lo mismo, tenemos una gran variedad de escritores, así como géneros que existen en la literatura.

No obstante, de la variedad de escritores, hay algo que todos tenemos en común, todos dejamos algo nuestro, dentro de los escritos.

En una ocasión, le preguntaron a Flaubert, que quién era Madame Bovary, pregunta que él respondió con un simple “Madame Bovary, soy yo”. Y es una realidad, es posible que tus personajes tengan una inspiración externa, que incluyas características físicas y psicológicas de alguien que conozcas, pero al fin de cuentas, lo que escribes forma parte de ti.

Este aspecto es lo que hace tan difícil, al menos para los escritores tímidos y, sobre todo, novatos, el poder compartir lo que se escribe. Porque mostrar tus textos, es como quitarte la máscara con la que vivimos, aquella, con la que vamos por la vida, la que tiene la cordialidad, las palabras políticamente correctas y las fórmulas de cortesía. Muchas veces, leer en público o dar a conocer nuestros textos, se siente peor que si te quitaras la ropa frente a los demás, porque estás exponiendo tus sentimientos, tus opiniones, tus miedos, tus monstruos… tu alma.

Como escritores, podemos mentir e inventar muchas de las historias, pero siempre, tendrán algo que te haya pasado, algo que has visto, algo que muestre lo que hay muy dentro de ti, y tan sólo pensarlo, es atemorizante, por eso tenemos una profunda sensibilidad ante las críticas, ante los “no me gustó”, “no es verosímil”, “está aburrido”, porque esas frases entran por debajo de la piel, y llegan hasta nuestra psique.

¿Se puede escribir sin exponerse?, la verdad, lo dudo, porque aunque sea una pequeña parte de ti, queda en los textos, es por eso que se puede identificar quién escribió algo, porque va más allá de las palabras, que también son una parte de cada quien, de repente, los escritores nos casamos con ciertas palabras o frases, pero además de eso, es porque leer el texto de alguien, y si conoces al escritor, de inmediato notas en sus párrafos, esa mirada, ese guiño, esa sonrisa, ese pensamiento que lo hace enojar, es como leer una parte de él mismo.  

Por esto, muchas veces he considerado que los escritores somos un poco egocéntricos, porque queremos vivir para siempre. Por medio de lo que escribamos, si estos textos sobreviven la marca del tiempo, entonces, en nuestras palabras, por ende, como escritor podemos vivir por siempre.

Así que, la próxima vez que lean las obras de un escritor que ya falleció, podrían asegurar, que no lo ha hecho por completo. Que el escritor sigue vivo por medio de sus obras, y que puedes conocerlo a través de sus palabras y frases. Porque él, dejó una parte de sí en cada una de las letras que escribió.



miércoles, 23 de mayo de 2018

Escrito por axlmar en , , , , | 2:43 p. m. Sin comentarios




Cuando empezamos a escribir, tenemos una falsa concepción de lo que es el proceso creativo, muchas veces nos imaginamos como nos presentan en películas a los autores, sentados frente a una máquina mecánica, de preferencia, en la cual los dedos manipulan las teclas a tal velocidad digna de Usain Bolt.

No obstante, la realidad de la escritura es mucho menos romántica que eso, pues gran parte del proceso creativo, se hace antes de tomar una pluma.

¿Cómo inicia el proceso?

Pues es simple, con una idea… y a esto es, a lo que yo llamo Inspiración. El momento en que tienes la idea de una historia… es tan rápida, que parece que es un mito, porque a veces sólo dura unos segundos, el resto del proceso es lento, es engorroso y, a veces, frustrante.

Ahora bien, ¿qué es lo que puede detonar ese preciso momento? Puede resultar de haberlo soñado, de ver algún suceso en la calle, de escuchar alguna anécdota, de leer una frase, o preguntándose el “hubiera” de algo que ya conocemos. No hay una receta que nos diga, de esta manera tendrás una idea, éstas son caprichosas y aparecen a cualquier hora y en cualquier lugar, lo que dificulta su realización, sobre todo, si tienes mala memoria. Hay quienes llevan consigo una pequeña libreta para anotar esas ideas, o llevan una grabadora para dejar la huella del destello de inspiración que nos pegó como un rayo.

El resto del proceso, se vuelve algo tedioso, ya tuviste la inspiración, ésa, por la que anhelan los artistas, pero ahora queda llevarla a la práctica, hacerla historia, llenarla de palabras para que cobre vida. Esta parte cuanta con mucha planeación, y no indica que de inmediato te vas a poner a teclear para acabar la historia en un dos por tres.

En algunas ocasiones, la idea es buena, pero sabes que no te dará para que sea una novela, y así empiezan las decisiones como autor, ¿será un cuento?, ¿será una novela?, ¿será para niños?, ¿será para adultos?, ¿será para adolescentes?, ¿en qué formato la escribo?, ¿quién será el narrador?, ¿qué quiero que ocurra además de la idea principal?... las preguntas pueden seguir y seguir hasta ir estructurando mentalmente, muchos prefieren hacer esta planeación de forma escrita y sacan hojas donde anotan este tipo de datos.

Una vez terminada la planeación, entonces sí empezamos a escribir, no obstante, es muy distinto a esa idea romántica, aunque habrá quien aún use la máquina mecánica o incluso escribir a mano, la mayoría escribimos en la computadora, y a pesar de tener ya la estructura bien pensada, suele suceder que al empezar a estampar las palabras en la hoja, nos damos cuenta de que algo no funciona, y entonces, borrar, escribir, acomodar, investigar, volver a borrar, escribir un poco más, y así… se convierte en un ciclo difícil y frustrante, porque es raro que las palabras fluyan rápido.

Sí, el proceso no es rápido, un cuento, ya muy bien pensado, puede tomar hasta 3 horas en concretarlo, y todavía sin estar listo, ya que es sólo el borrador, el que llevará correcciones, revisiones y más trabajo. Una novela puede tomar varios meses, a veces, años… cuentan que Goethe tardó 20 años en escribir “Fausto”, o que ése fue el tiempo que le tomó a Fernando del Paso, realizar la investigación para su novela “Noticias del imperio”.

Así que, si me preguntan, podría decir con certeza, de que la inspiración sí existe, aunque es tan rápida que muchos la consideran un mito, no obstante, una recomendación, si quieres ser escritor, es mejor que la inspiración te llegué cuando tengas una pluma en la mano, al final, la disciplina y el trabajo duro, suele ser más productivo que unos segundos de inspiración.

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